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Bienestar

Eladio Vecchi, kinesiólogo: “Mover los pies antes de levantarnos puede evitar el mareo”

Un gesto de apenas unos segundos puede hacer la diferencia entre levantarse tranquilo o con la cabeza dando vueltas. Repasamos qué pasa en el cuerpo cuando cambiamos de posición y cómo anticiparse a esa sensación.

Pararse de golpe después de estar un rato acostados o sentados puede traer mareo, visión nublada o esa sensación de piso inestable que tanto incomoda. No es casualidad ni “cosa de la edad”: tiene una explicación circulatoria bien concreta, y también una forma simple de prevenirla.

Cuando pasamos de estar acostados a estar parados, la gravedad empuja buena parte de la sangre hacia las piernas y el abdomen. Eso hace que, por unos segundos, llegue menos sangre de retorno al corazón, y el órgano bombea un poco menos en cada latido. El resultado es una caída transitoria de la presión arterial.

Es la llamada hipotensión ortostática, muy frecuente a partir de los 60. (Foto: Adobe Stock)
Es la llamada hipotensión ortostática, muy frecuente a partir de los 60. (Foto: Adobe Stock)

Para compensarlo, contamos con sensores ubicados en el cuello y en la aorta —los barorreceptores— que detectan el cambio y activan una respuesta automática: el corazón late más rápido y con más fuerza, y los vasos sanguíneos se contraen para sostener la presión. Cuando esa respuesta llega un poco tarde o resulta insuficiente, aparece el mareo al incorporarnos.

El truco está en los pies

Una estrategia sencilla que solemos recomendar en consultorio es apoyar los pies en el piso y mover los tobillos —flexionando y estirando— antes de levantarnos del todo. Este gesto activa varios mecanismos al mismo tiempo:

  • La bomba venosa plantar. Al apoyar el pie y generar presión sobre la planta, ayudamos a movilizar la sangre acumulada en esa zona hacia la circulación de retorno.
  • La bomba muscular de la pantorrilla. Flexionar el tobillo activa los gemelos y el sóleo, que al contraerse comprimen las venas profundas y empujan la sangre hacia arriba. Las válvulas venosas se encargan de que ese flujo vaya en una sola dirección: hacia el corazón.
  • La información que recibe el sistema nervioso. Al mover los pies, activamos receptores en la piel, las articulaciones y los tendones que le “avisan” al sistema nervioso que se viene un cambio de postura. Así, el cuerpo empieza a prepararse antes incluso de estar completamente de pie.

Un gesto simple, un beneficio concreto

En síntesis, el circuito funciona así: movemos los pies y tobillos, se contraen los músculos, se comprimen las venas, aumenta el retorno de sangre al corazón y mejora el sostén de la presión arterial. Nada de esto reemplaza una consulta médica si los mareos son frecuentes o intensos, pero incorporar este hábito antes de levantarnos —sobre todo en personas mayores o con tendencia a la hipotensión— puede evitar más de un mal momento.

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