Damián Pérez se recibió hace más de 15 años como paleontólogo en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, pero la iniciativa que tuvo con sus amigos fue adoptada por las nuevas camadas de estudiantes. Gracias al evento que iniciaron hace dos décadas, quedó instaurado el “Día de la Flor en Ciudad Universitaria”.
Las horas de cursada en la facultad, los trabajos prácticos y estudiar para los exámenes muchas veces hacen que los estudiantes estén estresados y a las apuradas. Por eso, en 2006, mientras cursaba el primer año de la Licenciatura en Paleontología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), Damián Pérez encontró una manera de frenar, distenderse y sacarle una sonrisa a sus compañeros: repartir flores junto a sus amigos en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales, ubicada en Ciudad Universitaria.
La magnitud de ese pequeño gesto con sus colegas hizo que el número de flores crezca cada vez más con los años y que actualmente, la tradición de repartirlas entre el 23 y el 27 de octubre, continúe vigente 20 años después bajo el nombre de “Día de la Flor en Ciudad Universitaria”, ya con Damián y sus amigos como profesionales de la Paleontología.
En diálogo con TN, el joven paleontólogo e investigador del CONICET, dio detalles de esa tradición que nació hace dos décadas, mientras cursaba en la facultad. “Una tarde, con Nahuel, Willy, Andrés, Nacho y Marquitos -el grupo que dio inicio a esta tradición- decidimos regalar flores al azar a la gente que cursaba conmigo y a un grupo de compañeros de la carrera”, recordó.
“Nosotros cursábamos muchas horas, desde la mañana hasta la tarde o incluso hasta la noche, y Ciudad Universitaria se volvió casi nuestra segunda casa”, agregó Damián.

A su vez, señaló: “Las primeras flores eran claveles de color blanco, rosa y fucsia. En algunos años cambiamos a rosas de colores rosa, rojo y blanco, que después fuimos alternando”.
Cómo fue el origen de la tradición que sigue vigente en la UBA
Respecto a cómo surgió la idea de repartir flores a la salida de la Facultad de Ciencias Exactas, Damián prefirió no dar detalles, pero explicó los motivos.
“Solo nosotros sabemos cómo empezó, pero no queremos contarlo porque nos divertía escuchar murmullo alrededor y las diferentes historias que llegaban: desde que un compañero que quería declararle su amor a una chica hasta un festejo atrasado por el Día de la Primavera. Quisimos mantener el misterio para que todas esas historias puedan ser reales para quien las cuenta”, afirmó en TN.

El alcance este pequeño gesto fue tan grande, que al año siguiente repitieron el hecho y pasaron de 50 a 250 flores: “Para el 2008, superamos las 650 y cada año tratábamos de aumentarlo”.
A su vez, comentó que al principio las entregaban en todos los pasillos y espacios correspondientes al Pabellón 2 de Exactas de Ciudad Universitaria.

“La fecha rondaba entre el 23 y el 27 de octubre, pero no había un día exacto. Las reacciones eran variadas, desde gente que se extrañaba o dudaba, aunque siempre positivas, con sonrisas. Las flores llegaban a a estudiantes, docentes, personal de mantenimiento, administrativos, directivos e investigadores, entre otros”, sostuvo el paleontólogo.
Qué pasó con la tradición de repartir flores cuando se recibieron
“Hacia 2011 y 2012, el grupo inicial empezó a recibirse y frecuentábamos menos el Pabellón 2. Sin embargo, empezaron a sumarse otros estudiantes a la carrera de Paleontología que querían mantener la tradición y después de esa época, hubo un recambio total”, aseguró Damián.
Contó también que el evento era reconocido en la Facultad, sobre todo por aquellos que seguían año tras año con sus respectivas cursadas: “Mis compañeros que continuaron sus carreras profesionales como investigadores y/o docentes en Exactas, de repente eran los que recibían flores de este grupo de ‘estudiantes de Paleo’, como éramos conocidos”.

“La tradición nos trascendió, ya no tenemos injerencia directa, pero sabemos que siguió con los años. Aún en momentos donde la UBA no la estaba pasando bien o mismo en la pandemia de COVID-19, las siguientes camadas hicieron todo lo posible por mantener la tradición que sigue hasta hoy”, explicó el investigador del CONICET.
Por otro lado, agregó: “En mis últimos años repartimos mas de 1200 flores. En la actualidad, los chicos lo hacen con números más modestos, pero tratan de mantener la tradición”.

Cuál fue su reacción al enterarse que su tradición seguía vigente
“Muchos de mis compañeros que en aquel momento éramos estudiantes hoy son docentes, investigadores, tienen sus hijos, sus familias, y ver que esto sigue activo nos pone muy contentos, aunque no seamos nosotros y ni siquiera seamos conocidos por estudiantes que lo mantienen en la actualidad”, comentó a TN.
En ese sentido, dijo: “En 2023 se cumplieron 20 años de la Licenciatura en Paleontología en la UBA -que inició en 2003- y los docentes actuales armaron un pequeño acto para conmemorarlo. Entre las fotos que usaron para mostrar a las diferentes camadas, había muchas del ‘Día de la Flor’ y todos nos reconocieron”.
“Nosotros encontramos en este pequeño evento una excusa para divertirnos y disfrutar en nuestro espacio, donde pasamos gran parte de nuestros días y al día de hoy es para muchos lugar de estudio y trabajo”, sentenció Damián al rememorar sus épocas como estudiante de la UBA.

La reflexión de Damián sobre sus épocas como estudiante
Para concluir, el paleontólogo que actualmente trabaja en el CONICET y ejerce como investigador en el Instituto Patagónico de Geología y Paleontología en el CENPAT en Puerto Madryn, reflexionó sobre sus años como estudiante y aconsejó a los más jóvenes.
“Cuando recuerdo esos días en los que repartíamos flores, se me viene a la cabeza cómo era la vida en aquellos tiempos. Los estudiantes universitarios dedicamos mucho a congeniar nuestras vidas entre el trabajo y la formación. El ambiente en Exactas siempre fue agradable y dio lugar para poder establecer estos lazos”, sostuvo.

A modo de cierre, dijo: “Ojalá los estudiantes de ahora puedan disfrutar sus carreras de la misma forma que nos tocó a mi y a mis compañeros, que llegamos a ser profesionales y dedicarnos a hacer ciencia y docencia en el país desde muchos lugares”.
“Si la situación actual de los sistemas científico y universitario se revirtiese y se cumpliera con lo esencial, se puede lograr que los estudiantes atraviesen sus carreras disfrutando y que el país tenga futuros profesionales prósperos”, concluyó.

































