Investigaciones presentadas en el Congreso Anual 2026 de The Menopause Society aportaron nuevas pistas sobre esta etapa y abren caminos para mejorar su abordaje clínico
La menopausia es el momento en que una mujer completa 12 meses consecutivos sin menstruación. Según la Cleveland Clinic, ocurre en promedio a los 52 años, es un proceso natural y marca el fin de los años reproductivos. El descenso de estrógenos que la caracteriza desencadena efectos que van mucho más allá de los sofocos: alteran el sistema digestivo, la salud cardiovascular, el bienestar psicológico, la vida laboral y la dinámica de pareja.
Cinco estudios presentados en el Congreso Anual 2026 de The Menopause Society, celebrado en San Diego entre el 20 y el 24 de octubre, profundizan en esas dimensiones con datos concretos de poblaciones de hasta 4.700 participantes y abren nuevas preguntas para la investigación futura.

1- Los gases y la hinchazón son los síntomas digestivos más frecuentes en toda la transición
Más del 65% de las mujeres en transición menopáusica padece hinchazón y gases con una intensidad que supera el rango normal, según un estudio con más de 1.800 participantes de entre 40 y 60 años que analizó la carga de síntomas gastrointestinales y el estado de ánimo ansioso en las tres etapas de la menopausia: premenopausia, perimenopausia y posmenopausia.
A diferencia de los malestares digestivos, que se mantuvieron constantes a lo largo de toda la transición sin variaciones significativas entre etapas, el cuadro ansioso sí fluctuó: alcanzó su punto más alto en la perimenopausia, donde el 19,2% de las participantes cayó en la categoría moderada a grave, frente al 14,6% de la premenopausia. En la posmenopausia, ese porcentaje se mantuvo elevado, en torno al 19%.

“La conexión entre el intestino y el cerebro está ganando atención rápidamente, y estamos entusiasmados por los conocimientos específicos sobre la menopausia que podemos aportar desde nuestro grupo de seguimiento”, afirmó Sanjana Solomon, autora principal e investigadora de la Universidad de Calgary, en el comunicado institucional. Como paso siguiente, el equipo apuntará a examinar los perfiles de microbiota intestinal y su vínculo con ambos cuadros.
Para la Dra. Stephanie Faubion, directora médica de The Menopause Society, el hallazgo refuerza una lógica bidireccional: “los niveles hormonales fluctuantes y en descenso crean una interacción perturbadora en la que el malestar digestivo empeora la ansiedad y la ansiedad desencadena más síntomas intestinales”, señaló en el comunicado.
Por eso, agregaron los autores, los médicos deberían evaluar ambos aspectos en las mujeres con independencia de su etapa menopáusica.
2- La menopausia prematura eleva el riesgo cardiovascular y los investigadores señalan a la insulina como posible vínculo
Las mujeres que atraviesan la menopausia antes de los 40 años tienen mayor riesgo de enfermedad cardiovascular, y un estudio con más de 4.700 mujeres posmenopáusicas de entre 45 y 64 años buscó identificar por qué.
En un seguimiento promedio de 21,4 años, el equipo registró 1.570 eventos cardiovasculares entre las participantes. De ese análisis surgió el dato más relevante: las mujeres con menopausia prematura presentaron niveles de insulina un 9,3% más elevados que quienes atravesaron esa etapa a los 45 años o después.

La resistencia a la insulina, que dificulta el procesamiento de esa hormona y obliga al páncreas a producir cantidades mayores para compensar, se perfiló como un posible puente entre el cese temprano de la función ovárica y el daño cardíaco posterior. No se observaron diferencias en los niveles de glucosa en ayunas, ni una asociación equivalente en los casos de menopausia temprana, la que ocurre entre los 40 y los 44 años.
“La salud cardiometabólica merece atención prioritaria en mujeres que dejan de menstruar antes de los 40”, señaló la Dra. Zailing Xing, primera autora del estudio, en el comunicado de prensa. Faubion coincidió en que comprender estos mecanismos abre la puerta a intervenciones más tempranas y estrategias personalizadas de prevención.
3- Los hombres se sienten poco preparados para acompañar la menopausia de sus parejas y reclaman más recursos
Un estudio realizado en Canadá y el Reino Unido con casi 100 hombres que son o fueron pareja de mujeres en transición menopáusica reveló una diferencia notable entre lo que los hombres desean hacer y lo que son capaces de ofrecer.
En Canadá, el 68% de los encuestados declaró saber poco o nada sobre la menopausia antes de que su pareja comenzara la transición. En el Reino Unido, apenas el 43% afirmó comprender la menopausia lo suficiente como para brindar apoyo efectivo.
El trabajo identificó cuatro grandes temas en las respuestas: pérdida de intimidad y conexión física, deseo de apoyar a la pareja combinado con la falta de herramientas para hacerlo, angustia emocional y tensión en la relación, y ausencia de recursos educativos orientados a hombres.

En el Reino Unido, el 50% de los encuestados señaló que los hombres no reciben acompañamiento durante la transición de su pareja. En Canadá, el 88% nunca había buscado ayuda, aunque el 90% indicó que un programa de apoyo sería útil o podría serlo.
“Durante años, hemos hablado de la menopausia como algo que les sucede a las mujeres, pero la realidad es que las mujeres no la atraviesan en soledad”, afirmó el Dr. Amobi Onumaeme, autor del estudio y fundador de MyMenopauseGP, según el comunicado de prensa.
“Hemos hecho un trabajo mucho mejor ayudando a las mujeres a entender la menopausia, pero no hemos incorporado realmente a los hombres en la conversación. La mayoría de los hombres quiere apoyar a las mujeres que ama; simplemente no siempre entiende qué está pasando o qué hacer”, agregó.
4- Hacer actividad física con mayor frecuencia se asocia con menos síntomas durante la perimenopausia
Un estudio de alcance global que incluyó a más de 1.800 usuarias de la aplicación Flo distribuidas en 87 países de seis continentes encontró que una mayor frecuencia de actividad física se asocia con menor carga de síntomas en la perimenopausia, especialmente en el plano psicológico.
Las participantes completaron una encuesta sobre sus hábitos de ejercicio, en una escala que iba desde “no físicamente activa” hasta “más de 5 días por semana”, y luego se evaluó la gravedad de sus síntomas en tres dimensiones: somática, es decir corporal, psicológica y urogenital.
El análisis mostró una relación inversa entre la frecuencia de ejercicio y la puntuación total de síntomas en los tres dominios: a mayor actividad, menor malestar. Los ajustes contemplaron variables como edad, índice de masa corporal, hábito tabáquico, enfermedades crónicas, acceso a salud y el Índice Sociodemográfico por país.

“Algo que nos llamó la atención fue que los beneficios de la actividad física parecían ser más fuertes para los síntomas psicológicos, como el bajo estado de ánimo, la irritabilidad y la ansiedad. Estos síntomas pueden afectar realmente la vida cotidiana, y el movimiento regular puede ser una forma accesible de ayudar”, señaló la Dra. Liudmila Zhaunova, directora de Ciencia de Flo Health y autora a cargo de la presentación, en el comunicado de prensa.
La directora médica de The Menopause Society agregó que, si bien se necesita más investigación, “fomentar la actividad física regular es una estrategia de bajo riesgo que puede ayudar a mejorar el bienestar general durante la transición menopáusica”.

































