Una investigación determinó que este grupo de personas tiene hasta un 60% menos de probabilidades de informar de un diagnóstico de enfermedad de alzhéimer u otra demencia.
Caminar rápido es uno de los ejercicios más simples que podemos llevar a cabo, hacerlo diariamente tiene beneficios y ahora se le sumó un nuevo incentivo, ya que, los resultados de un estudio publicado a mediados de julio en Neurology sugieren que los adultos mayores que mantienen un ritmo natural y ágil hasta los 80 años o más pueden estar protegiendo su cerebro.
Los investigadores analizaron datos de cinco grandes estudios sobre envejecimiento que involucraron a casi 4.000 adultos mayores con una edad media de unos 84 años (entre el 47% y el 65% mujeres, según el estudio), así como de dos estudios más pequeños con adultos de 80 años o más que utilizaron escáneres cerebrales o examinaron tejido cerebral tras la muerte.
El equipo de investigación separó entonces los datos de los participantes a los que llamaron “super-movers”, quienes caminaban más rápido que aproximadamente el 93% de sus compañeros en pruebas de caminata cronometrada.
Los resultados
El análisis arrojó resultados sorprendentes y, en comparación con sus compañeros que caminaban más despacio, los super-movers tenían aproximadamente un 50% menos de probabilidades de desarrollar deterioro cognitivo en períodos de seguimiento que iban entre 3,4 y 5,4 años, y un 60% menos de probabilidades de informar de un diagnóstico de enfermedad de alzhéimer u otra demencia.

Además, su memoria y habilidades de pensamiento también disminuyeron más lentamente con el tiempo, medido por la memoria, la velocidad de procesamiento y las pruebas de flexibilidad mental.
Los escáneres cerebrales mostraron que los super-movers tendían a tener más grande el hipocampo, una región cerebral clave para la memoria. Curiosamente, en los análisis de tejido cerebral tras la muerte, los super-movers y los no-super-movers presentaron cantidades similares de cambios cerebrales vinculados a la enfermedad de alzhéimer.
Esto sugiere que los super-movers no eran inmunes a la biología subyacente de la demencia, sino que quizás tenían cerebros más resistentes que funcionaban mejor a pesar de ello.
Estos hallazgos no pueden demostrar que caminar rápido mejore la salud cerebral, pero coinciden con otras investigaciones que relacionan la vitalidad física con la vitalidad cognitiva en la vida adulta. Por ahora, mantenerse activo es una estrategia sólida para ayudarnos a nosotros mismos y a nuestro cerebro a envejecer bien.

































