Asistió a la apertura del tradicional hotel Catedral con un modelo translúcido de Menage a Trois y botas de cuero a juego de su colección.
Después de disfrutar de unas vacaciones con familia y amigos en Turquía, Valeria Mazza volvió a la Argentina y su próximo destino fue Bariloche, donde participó de la inauguración de temporada del tradicional hotel Catedral ubicado en la base del cerro y volvió a demostrar por qué es uno de los íconos fashion del país.
Para la noche de gala, a la que asistió acompañada por su marido, Alejandro Gravier, y su hijo menor Benicio, eligió un vestido negro largo confeccionado en encaje floral translúcido de Menage a Trois, una de sus marcas favoritas. El diseño, de mangas largas, se destaca por la falda sutilmente acampanada y un bordado orgánico de lentejuelas.

Además,lleva debajo una suerte de vestido lencero/enagua al tono, para evitar mostrar de más. Canchera, en lugar de usar sandalias o stilettos, le dio un giro al look y lo combinó con botas de caña alta de cuero negro, con pliegues y taco aguja.

Coronó el estilismo de noche con joyería minimalista plateada, un peinado de raya al costado y maquillaje con foco en la mirada a base de delineado negro superior e inferior, máscara de pestañas y sombras al tono.

Alejandro y Benicio Gravier se mostraron clásicos con ambos negros y camisa blanca. El marido de la top model completó su vestuario con un moño en el cuello, mientras que el heredero menor del matrimonio eligió llevar corbata.

Valeria Mazza, entre la bikini animal print y los vestidos lenceros
Durante su viaje a Turquía, la it girl de los 90 sorprendió al mostrarse en traje de baño, una práctica no tan frecuente en sus redes sociales. Recostada al sol en un yate, dejó ver el corpiño de una bikini animal print de leopardo, de breteles finos adornados con arandelas marrones y detalles de bordado a rayas en los extremos.

Su costado fashionista volvió a salir a la luz en una producción de fotos entre las rocas, con un minivestido lencero color champagne con encaje en el escote y el ruedo, combinado con botas de gamuza texanas en tono visón.

En la misma sintonía con la paleta cromática, lució otro vestido de breteles finos con pliegues en la falda en tono marrón suela. Lo combinó con sandalias en color crema adornadas con una piedra al tono y collares largos de cuentas que aportaron una cuota boho chic.

Además, disfrutó de cenas y encuentros con amigos con más vestidos veraniegos y románticos. ¿El dress code? Total white. En una foto grupal, se lució con un modelo largo y semitransparente de breteles finos y bordado floral al tono. A su lado, su marido Alejandro Gravier llevó un conjunto de camisa y pantalón de lino con calzado náutico a rayas.

Por último, volvió a demostrar su fanatismo por los vestidos blancos románticos con un modelo sin mangas, de falda larga y una pequeña abertura en la zona del vientre, adornado con apliques tejidos al crochet en blanco. Al costado, en el piso de la embarcación, mostró un par de zapatos de su marca: chatitas con tachas y hebillas.


































