“Global Warning” es una monumental retrospectiva que recorre las obsesiones y el humor punzante del fotógrafo británico, repasando cinco décadas donde plasmó los excesos y contradicciones de nuestra sociedad consumista
La ciudad de París rinde homenaje a la trayectoria de Martin Parr con una retrospectiva monumental que, al volverse póstuma, adquiere una carga simbólica inesperada sobre la vigencia del trabajo del fotógrafo británico. La exposición, titulada Global Warning, se puede visitar hasta el 24 de mayo en el Jeu de Pomme, y ofrece un recorrido exhaustivo por cincuenta años de mirada crítica y análisis antropológico de la sociedad de consumo. La muestra, concebida originalmente con Parr, queda marcada por la paradoja de celebrarlo en ausencia: el fotógrafo falleció el 6 de diciembre de 2025 en su residencia de Bristol a causa de un cáncer.
Según relató Quentin Bajac, curador de la exposición y director del Jeu de Pomme, trabajaron juntos durante un año y medio para construir un relato fotográfico que atravesara la persistencia de los temas que inquietaron a Parr durante cinco décadas: “Quería hacer una exposición alrededor de los temas que él había tratado durante 50 años. Mezclamos imágenes más conocidas con algunas menos evidentes. La idea era mostrar que en cinco décadas ha tratado siempre los mismos asuntos. Estaba preocupado por cómo se leería su trabajo después de su muerte. Deseaba que, además del humor, se sintiese la dimensión documental de su trabajo. Alguien que documentó la civilización del ocio pese a darle una dimensión ligera y humorística”.
En el tramo final del recorrido expositivo, la última sección aborda la transformación de las adicciones sociales, desde el consumo desenfrenado en supermercados hasta el impacto de la tecnología en el comportamiento humano. Las fotografías revelan, entre otros elementos, paisajes en Irlanda donde carrocerías de Morris Minor oxidadas contaminan el entorno, así como las primeras escenas de grupos humanos absorbidos por los teléfonos móviles en los años noventa. Entre los detalles destacados figura el registro de palos-selfi, que se multiplicaron en enclaves icónicos como el Louvre y Venecia. “Su extinción, hoy está claro, no fue la consciencia sobre lo idiota que podía llegar a parecer un humano, sino a la mejora de las ópticas”, según se explica en la exposición.

Para Bajac, la coherencia de Parr radicaba en su capacidad de sostener la crítica sin deslizarse en el juicio moralista, desmarcándose a la vez del heroísmo habitual en el fotorreportaje. A pesar de que su estilo suscitó incomodidad y la acusación de frivolidad tanto en colegas como en críticos de la agencia Magnum —cuyo consejo presidió entre 2013 y 2017—, la perspicacia de su análisis nunca respondía a un afán de superioridad social: “Martin nunca quiso realizar juicio moral de quienes fotografiaba. Era crítico, pero aceptaba que él formaba parte del mismo problema. Y, sobre todo, rechazó cualquier tipo de heroísmo del fotorreportero clásico”, sostuvo Bajac a El País mientras recorría los espacios de la retrospectiva.
La muestra reúne más de 180 obras que atraviesan más de medio siglo de ejercicio fotográfico, desde los inicios en blanco y negro hasta los trabajos en color de las últimas dos décadas. Distribuidas en cinco salas temáticas, las imágenes exploran el impacto del ocio en la transformación del entorno, el turismo de masas, el consumo, la presencia de animales y el avance de la tecnología. Todo queda vinculado directa o indirectamente a la problemática del calentamiento global, eje conceptual de la muestra y de la elección del título.
La obsesión de Parr por desmenuzar la relación entre la sociedad y el ocio emerge desde sus primeros proyectos, como la serie para The last resort, realizada en la playa de New Brighton en 1972. Escenas de cuerpos enrojecidos, comida rápida, abuelas hipnotizadas por las luces de las máquinas tragaperras y niños revolcándose en la moqueta sucia funcionan, en palabras de la crítica, como un espejo deformante que expone la cara sórdida de los sueños de prosperidad. “Comprar hasta morir” sintetizaba el eslogan de una época cuya banalidad Parr retrató con un sentido del humor corrosivo.

Las playas, tanto en Benidorm como en destinos lejanos como la Playa artificial en el Seagaia Ocean Dome en Miyazaki (Japón) —captada por Parr en 1996—, se convierten en escenarios privilegiados para la observación de ritos contemporáneos: colas interminables para helados, tabaco, bebida, residuos y la perpetuación de comportamientos en entornos pretendidamente paradisíacos. La cámara, en vez de exaltar una comunión con la naturaleza, subraya los gestos mecánicos del consumo y los detalles irreverentes del tiempo malgastado.
El ojo de Parr trazó también un mapa global del turismo contemporáneo, registrando la erosión de lugares emblemáticos como Stonehenge, las pirámides de Chichén Itzá, el Machu Picchu y paisajes italianos del Renacimiento, despojados de su significado sagrado por el flujo interminable de visitantes. Su obra, señaló Bajac, pone de manifiesto la conciencia del propio fotógrafo sobre la huella ambiental que conllevaban sus viajes: “Él decía que formaba parte de ese problema. Tenía una gran huella de carbono de sus viajes en avión; le gustaba ir a la playa, aunque no supiese ir a nadar, y hacer shopping. Pero, a pesar de ello, reconocía ese problema y lo documentaba”.
La sección titulada One day trip ilustra la dinámica de familias y jóvenes británicos que cruzaban el Canal de la Mancha para abastecerse de alcohol en Francia, atraídos por impuestos más bajos. En sus imágenes, Parr logra plasmar la ambivalencia entre el deseo de prosperidad y la resignación social: “Si puedo, tan pobre no seré”, es el mensaje triste que sugieren las miradas de los retratados.

La retrospectiva recupera por completo la ambigüedad entre ligereza y gravedad que caracterizó la fotografía de Parr. Su interés por el supermercado como “la primera línea del frente de una guerra por la atención de los consumidores que degeneró luego en las adicciones tecnológicas”, según él mismo defendía, ofrece una perspectiva ineludible sobre los hábitos contemporáneos.
El itinerario vital y artístico de Martin Parr —de sus días en Epson a su consolidación internacional como miembro de Magnum Photos— queda así retratado en esta exposición, concebida entre la autocrítica y el humor. Global Warning propone la última mirada lúcida y despiadada sobre la sociedad del ocio, el turismo masificado y la fragilidad del planeta, un legado que el propio Parr temía que sería reinterpretado tras su muerte y que hoy, en palabras de Bajac, se lee desde “la dimensión documental” que persiguió durante toda su carrera.
































