La segunda ciudad del Chaco atraviesa días críticos por el desabastecimiento de agua potable. Mientras los vecinos sufren la interrupción del servicio y protestan en las oficinas de la empresa estatal, se revela que los piletones de acopio de agua de lluvia —con capacidad para 580 millones de litros— se encuentran fuera de servicio por falta de mantenimiento y desmantelamiento.
La severa crisis hídrica que azota a la Termal ha alcanzado niveles de tensión alarmantes. Lo que las autoridades de Sameep prometieron inicialmente como un corte programado de 5 días se ha prolongado, desatando la indignación de miles de familias que continúan sin acceso al suministro básico en sus hogares. Cabe señalar que las autoridades de SAMEEP anuniaron que el servicio de agua potable se estaría normalizando entre el martes o miércoles de la presente semana. Sin embargo, detrás de la contingencia actual emerge una realidad aún más grave: la paralización y abandono del sistema de reservorios de agua de lluvia de la empresa estatal.
Ubicados sobre la Ruta Nacional 16, en dirección a Napenay, estos piletones de almacenamiento representan hoy el reflejo del desinterés oficial. Diseñados para acopiar el recurso pluvial y enviarlo a tratamiento, las instalaciones contaban con infraestructura equipada: viviendas operativas, sistemas de bombeo y módulos sanitarios a nuevo. Hoy, la realidad es diametralmente opuesta: el complejo está sumido en el olvido, las lagunas de reserva carecen de mantenimiento y el canal de ingreso no se limpia desde hace años.

Un alivio de 580 millones de litros desperdiciado
El impacto de este abandono técnico repercute de manera directa en la coyuntura que atraviesa la ciudad. La capacidad teórica de almacenamiento de estos piletones asciende a 580 millones de litros de agua, un volumen que, a pesar de las precipitaciones registradas en el último tiempo, no se ha podido aprovechar.
Especialistas e informes del sector señalan que, de haber estado operativo el sistema de acopio y filtrado, la planta habría tenido la capacidad de procesar y potabilizar entre 1 y 2 millones de litros diarios directamente en la localidad. Esta producción local hubiese funcionado como un colchón estratégico para amortiguar el impacto del desabastecimiento y atenuar la severidad de la crisis que hoy paraliza a la segunda ciudad de la provincia.
Tensión en las oficinas y malestar social
La falta de respuestas oficiales ha derivado en episodios de violencia e impotencia. En las sedes de Sameep en Sáenz Peña, los empleados de atención al público terminan absorbiendo la furia de los usuarios que se acercan a reclamar entre insultos y momentos de extrema tensión.
Mientras los trabajadores denuncian la precariedad de insumos básicos para operar —llegando al extremo de carecer de papel para trámites administrativos—, los reclamos apuntan a la ausencia de los coordinadores y funcionarios responsables, a quienes acusan de no dar la cara ante la comunidad. A la par, proliferan denuncias vecinales sobre cobros irregulares por parte de particulares para gestionar prioridades o arreglos en el servicio.
La combinación de una promesa incumplida en los plazos de restablecimiento, la falta de previsión en el mantenimiento de la infraestructura clave y la inacción de las autoridades han dejado a Sáenz Peña en una posición de vulnerabilidad hídrica que, según los datos técnicos del propio sistema desmantelado, se pudo haber evitado.


































