El oficial subió en junio por encima de la inflación y encareció la cuenta de los bonos dollar linked. Un canje con gusto a poco.
El dólar se despertó de la siesta. Durante meses, Caputo usó la calma cambiaria como una de las patas del programa. Pero junio trajo otra música: el tipo de cambio se movió, el mercado pidió más cobertura y la deuda atada al dólar volvió a mostrar su lado menos simpático.
En mayo, el dólar oficial había tenido una suba muy moderada. En el Banco Nación pasó de $1.415 a fines de abril a $1.430 al cierre de mayo. Fue un avance de apenas 1,1%, por debajo del 2,1% de la inflación informada por el Indec. El blue pasó de $1.400 a $1.430, una suba cercana al índice de precios. Los financieros, en cambio, habían retrocedido: el MEP bajó desde la zona de $1.441 a $1.435 y el contado con liqui cayó desde $1.503 a $1.485.
Junio cambió la foto. Al viernes 19, el Banco Nación ya mostraba al oficial en $1.480 para la venta. El blue también se ubicaba en $1.480. El MEP rondaba los $1.478 y el contado con liqui se movía cerca de $1.509. Contra el cierre de mayo, el oficial y el blue acumulaban una suba de 3,5%, el MEP avanzaba cerca de 3% y el CCL alrededor de 1,6%. El mayorista ya venía dando la señal: a mitad de semana había acumulado un alza de 2,4% en el mes y amenaza con ganarle al IPC mensual por primera vez desde octubre de 2025.
El movimiento no es neutro. Para los exportadores, un dólar más alto mejora el ingreso en pesos por cada venta externa. Para algunos productores locales, también puede dar aire frente a importados más caros. Otro ganador es el turismo receptivo, porque la Argentina se abarata.
Caputo encontró una nueva forma de frenar al dólar sin vender reservas
Pero del otro lado aparecen los consumidores, las industrias que importan insumos y venden al mercado interno. Ahí el dólar no es viento de cola. Es costo y caída de poder de compra.
Pero el problema central no es ese, al menos para el gobierno que siempre está dispuesto a descargar los costos del ajuste sobre la población y la industria. El problema para el equipo económico es que la suba del dólar también mueve deuda. Los bonos dólar linked están denominados en dólares, pero se pagan en pesos al tipo de cambio oficial. Esa ingeniería luce elegante mientras el dólar duerme. Cuando se despierta, cada salto de la cotización aumenta la cantidad de pesos que debe poner el Tesoro al vencimiento.
En la City lo resumen con una cuenta de servilleta. Por cada $10 que sube el tipo de cambio aplicable, un compromiso de USD 2.879 millones encarece la cuenta en casi $29.000 millones. Si el cálculo se hace sobre un stock cercano a USD 5.000 millones, el impacto escala a casi $50.000 millones por cada $10. No es una tragedia, pero tampoco es caja chica. Es una gotera en el techo justo cuando anuncian superávit en el living.
“Habrá que ver cómo llega el Gobierno al vencimiento grande de fin de mes. No es lo mismo refinanciar con tasa real negativa y dólar quieto que hacerlo con tasa real negativa y dólar en movimiento”, dijo a LPO un operador que sigue la curva en pesos. La frase circula en las mesas con tono de advertencia. Si el Tesoro no paga más tasa, cuesta renovar. Si paga más tasa, encarece el stock. Si el dólar sube, los dólar linked pasan la gorra.
El verdadero paredón estaba a fin de mes, con vencimientos por encima de los $20 billones. Por eso Finanzas se adelantó con una serie de canjes. El Tesoro buscó bajarlo antes de llegar a la licitación principal. Primero canjeó con el Banco Central títulos que vencían el 30 de junio -BONCER TZX26, BONCAP T30J6 y bono dual TTJ26- por una canasta de BONCAP a enero y mayo de 2027. Después lanzó otro canje para el bono dólar linked TZV26, también con vencimiento el 30 de junio.
El resultado de ese canje dejó sabor mixto. Finanzas recibió 275 ofertas y adjudicó el equivalente al 58% del valor nominal en circulación del TZV26. Para la letra dólar linked D31L6, con vencimiento el 31 de julio, recibió ofertas por USD 3.044 millones y adjudicó USD 2.561 millones, a un precio de corte de USD 992,99 por cada USD 1.000. Para el bono dólar linked TZVD8, con vencimiento en diciembre de 2028, recibió USD 412 millones y adjudicó USD 318 millones, a un precio de USD 808.
En el mercado leyeron el dato con menos entusiasmo que el Palacio de Hacienda. La operación habría permitido postergar cerca de USD 2.879 millones, pero apenas redujo alrededor de 20% del total de los vencimientos de fin de mes. El 80% restante sigue en la cancha.
El rol del Fondo de Garantía de Sustentabilidad volvió a quedar bajo la lupa. La información oficial no identifica quiénes fueron los tenedores que entraron en cada tramo. Pero en dos mesas de deuda consultadas por LPO señalaron que la demanda privada se concentró en los plazos más cortos y que el tramo largo a 2028 necesitó una mano pública. “El privado te mira julio. El largo se lo ponés a organismos públicos o no aparece”, dijo un operador. En ese esquema, el FGS aparece como comprador natural: tiene buena parte de su cartera en títulos públicos y funciona, otra vez, como amortiguador del Tesoro.
El Fondo Monetario también mira el precio del dólar. En su último informe técnico sobre Argentina señaló que el peso se apreció en términos reales desde fines de 2025 y que el tipo de cambio se mantuvo dentro del esquema de bandas. Pero el diagnóstico de fondo es menos festivo: el staff calculó una brecha del tipo de cambio real de entre 9,5% y 22%, con un punto medio de 15,8%. Traducido al castellano: para el Fondo, el dólar está barato para las necesidades externas de la Argentina.
El FMI no pide una devaluación en cadena nacional. No hace falta. Usa otra gramática. Reclama más flexibilidad cambiaria, más acumulación de reservas y un esquema que no dependa solo del ancla fiscal. También advierte que la apreciación real puede pesar sobre el crecimiento y sobre la cuenta externa. Es la forma prolija de decir que un dólar quieto ayuda a bajar la inflación, pero puede dejar sin nafta al motor de divisas.

































