Tras el triunfo de los demócrata, LPO dialogó con la analista Carmen Fernadez, para analizar el día después del 3-N.
Las elecciones de medio término en Estados Unidos dejaron un escenario adverso para Donald Trump de cara a los dos años que le restan de mandato. El Partido Demócrata consiguió recuperar el control del Senado y de la Cámara de Representantes, en unos comicios marcados por el fuerte rechazo a la gestión republicana.
En este contexto, LPO dialogó con la analista internacional Carmen Beatriz Fernández, académica y especialista en ciberpolítica, estrategia de campañas y comunicación electoral en América Latina y España, para analizar los resultados y el escenario político que se abre en Washington. Desde Miami, Fernández siguió de cerca la contienda electoral y sus consecuencias para el oficialismo. “Es un enorme voto castigo hacia Trump, que es el presidente más impopular de la historia en este punto”, sostuvo.
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¿Qué lectura hace del resultado de estas elecciones? ¿Estamos ante un voto castigo contra Trump o frente a un cambio más profundo en el comportamiento del electorado estadounidense?
Los gobiernos suelen perder las elecciones de medio término. El patrón habitual es que el oficialismo pierda la Cámara baja en los comicios de mitad de mandato. Esto es esperable, pero lo que hemos visto va mucho más allá. Es un voto castigo tremendo, que ha provocado una verdadera sangría en las filas republicanas. Y esa sangría no se limita a la Cámara baja, sino que también alcanza al Senado, algo mucho más inusual.
Trump mencionó que él no estaba en la boleta electoral y que, si hubiera estado, habría arrasado. Pero lo cierto es que durante toda la campaña hizo referencia permanentemente a que los electores debían imaginar que él estaba en la votación. Y, efectivamente, creo que la gente se imaginó que Trump estaba en la boleta y votó en consecuencia.
Sin duda, es un enorme voto castigo hacia Trump, que es el presidente más impopular de la historia en este punto de su mandato. No ha habido otro presidente que haya llegado a unas elecciones de medio término con los números que tiene Trump. De alguna manera, eso era esperable.
Lo más interesante es analizar las encuestas a boca de urna y observar cómo votaron los distintos grupos demográficos. Ese es el análisis más relevante de estas elecciones. Se les ha dado muchísima importancia, mucho más que a unas midterms regulares, y eso queda demostrado en el porcentaje de participación, que creció considerablemente en comparación con las elecciones de medio término de hace cuatro años y con cualquier otra elección de este tipo. Han sido unos comicios con niveles de participación casi similares a los de una elección presidencial.
La gente tomó esta elección como algo muy importante, pero, al mismo tiempo, fue una contienda que generó mucha conflictividad dentro de las familias. No fueron unas midterms normales y corrientes.
Los demócratas consiguieron victorias en territorios tradicionalmente republicanos, como Texas y Kansas. ¿Qué explica este cambio y qué revela sobre la coalición electoral que llevó a Trump al poder en 2024? ¿Cuánto pesaron la economía, el costo de vida y la política migratoria?
Los altos precios de la gasolina, el aumento de la inflación y la corrupción fueron factores muy importantes. Pero, cuando se analiza segmento por segmento quiénes cambiaron su voto en relación con las elecciones de 2024, los grupos que registraron las mayores variaciones fueron fundamentalmente los electores latinos.
En primer lugar, los hombres latinos, que protagonizaron el mayor cambio. Luego, los latinos en general, los católicos y, finalmente, las mujeres latinas. Estos son los cuatro segmentos en los que hubo mayores variaciones y también son los grupos más castigados por el ICE.
Al final, el segmento hispano es bastante importante, pero lo es todavía más por su volatilidad, dado que sus integrantes pueden cambiar su voto de los demócratas a los republicanos y viceversa. Eso mismo ocurrió en 2024: el electorado latino fue el que le dio la victoria a Trump en una elección muy reñida. Y ese mismo segmento es ahora el que más está castigando al presidente.
¿Cómo queda parado Trump después de esta derrota? ¿Se debilita su liderazgo dentro del Partido Republicano o todavía conserva suficiente poder para mantener el control de su espacio?
Es una catástrofe para el Partido Republicano y las catástrofes siempre llevan a identificar culpables. Ahora comienza un proceso de búsqueda de responsables, porque los propios candidatos y los políticos ambiciosos, que quieren mantener una buena conexión con sus electorados, se dan cuenta de que Trump se ha convertido en un yunque.
El caso más ejemplar es el de María Elvira Salazar, en Florida, que en determinado momento rompe con Trump por su política migratoria, un tema que afecta directamente a su electorado. Vamos a empezar a ver más movimientos de este tipo.
El gobernador Ron DeSantis, de Florida, dijo que esta es una catástrofe que impedirá que los republicanos vuelvan a la Presidencia en 2028 y que también dificultará que recuperen el Senado hasta quién sabe cuándo, quizás 2030 o 2032. Con esas declaraciones está anticipando un movimiento, una rebelión dentro del partido contra los responsables de esta masacre, de esta hecatombe. Es muy posible que eso ocurra.
Probablemente también haya un reacomodo en el Partido Demócrata, porque lo que hemos visto ayer parece asegurar que 2028 será de los demócratas. Eso dará lugar a unas primarias mucho más feroces, aunque también con mayores complejidades.
Creo que aquí los demócratas no han ganado la elección, sino que lo que ha pasado es que Trump ha perdido la elección.
JD Vance tuvo un mal resultado en Ohio, mientras que Marco Rubio consiguió retener Florida. ¿Cómo quedan posicionados estos posibles sucesores de Trump dentro del movimiento MAGA? ¿Hay otros nombres que puedan ganar protagonismo?
No hay que descartar tampoco a DeSantis. Al fin y al cabo, los platos se salvaron en Florida. Eso hace que el gobernador salga relativamente bien parado y que Marco Rubio también quede en una posición favorable.
Todos los republicanos han perdido, pero pareciera que JD Vance es el mayor perdedor.
¿Qué consecuencias puede tener este nuevo equilibrio de poder en la política exterior de Estados Unidos? ¿Podría el Congreso condicionar la estrategia de Trump hacia Irán, Israel y América Latina?
Va a ser muy complicado. Tradicionalmente, cuando un presidente pierde de manera contundente, y más en una elección como esta, se dice que se convierte en un lame-duck president (presidente pato cojo). Es decir, que políticamente está muerto y tiene que arrastrar los dos años que le quedan de mandato, pero que, en realidad, ha quedado inhabilitado.
Sin embargo, no estoy segura de que ese vaya a ser el destino de Trump. Ayer, en medio de los resultados, Trump publicó un mensaje en su red social con una gorra y la palabra “VETO”, como diciendo: “Ahora es cuando tienen Trump para rato y ahora es cuando Trump va a salirse con la suya a través del veto”. Esa era la actitud del presidente anoche.
Hay que leer esa primera reacción y pienso que puede augurar tiempos complicados. Trump ha sido muy exitoso, salvo en el caso de Brasil, en la consolidación del Escudo de las Américas. Prácticamente ha logrado construir ese escudo bajo su visión de la Doctrina Donroe, de América para los americanos, y de una consolidación de fuerzas bajo su paraguas.
Esa alianza sigue vigente y eso hace que el contrapeso de Lula sea más fuerte. Pero Trump no se va a dar por vencido con este resultado e intentará marcar una línea dura, mientras que el Parlamento le irá poniendo cada vez más frenos y acotando su margen de maniobra.
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¿Cómo percibió el clima social en Miami y en Florida durante la campaña y la jornada electoral?
Todas las ciudades de Florida fueron ganadas por los demócratas, mientras que todo el Heartland, es decir, los pueblos y las zonas del interior, fueron ganados por los republicanos. Incluso los demócratas lograron imponerse en ciudades como Tallahassee o Jacksonville, que eran territorios más republicanos.
En general, me sorprendió el bajo nivel de participación en los mítines electorales. Estuve en dos cierres de campaña y fueron muy austeros, con muy poca gente. Pero ese es más bien el estilo de acá.
En términos generales, lo que sí vimos fue mucha participación a la hora de votar. Hay que tener en cuenta que el sistema electoral permite que la gente vote durante nueve o diez días. Entonces, hubo mucha movilización en ese sentido, con muchas personas que votaron anticipadamente y, en Florida, incluso más que en el promedio nacional. Esto también habla de la importancia que la gente le dio a esta elección.

































