La remontada en octavos de final dejó a millones con el corazón acelerado. Especialistas explican qué hormona se dispara en esos momentos y cuánto tarda el organismo en volver a la calma.
Dos goles abajo, un penal errado y diez minutos que se hicieron eternos: el batacazo que Egipto le puso sobre la mesa a la Selección dejó a medio país con el alma en un hilo. Y después, la explosión: la remontada, los abrazos, los gritos hasta quedarse sin voz. Ese vaivén entre la angustia y la euforia no es solo un decir. Tiene una explicación fisiológica bien concreta, y una protagonista central: la adrenalina.
La hormona que convierte el miedo en energía
Cada vez que el cuerpo percibe una amenaza —ya sea un peligro real o, como en este caso, la angustia de ver a la Selección eliminada en el momento menos pensado—, las glándulas suprarrenales liberan adrenalina en cuestión de segundos. Esa descarga acelera el ritmo cardíaco, sube la presión arterial y vuelca glucosa extra a la sangre para dar un empujón instantáneo de energía y de concentración. Es el clásico mecanismo de “lucha o huida”, el mismo que usaban los ancestros frente a un depredador y que hoy se activa frente a una pantalla, gritándole al televisor.

Los valores hablan solos: en reposo, el corazón late entre 60 y 100 veces por minuto, pero durante un pico de adrenalina esa cifra puede treparse a 120 o 140 latidos, mientras la presión arterial pasa de 120/80 a 150/90 o más. Nada raro, entonces, que después de goles como los de Cuti Romero, Messi y Enzo Fernández miles de hinchas hayan sentido el corazón directamente en la garganta.
Cómo actúa dentro del cuerpo (y por qué se usa hasta en emergencias)
La potencia de esta hormona no es un dato menor para la medicina: se usa desde hace más de cinco décadas para tratar shocks alérgicos graves y también para reanimar corazones que dejaron de latir. “De inmediato se inicia la reanimación cardiopulmonar con ventilación y compresiones torácicas, y se conecta al paciente a un desfibrilador”, detalló el médico noruego Eirik Skogvoll, consultor senior del Departamento de Anestesia y Medicina de Cuidados Intensivos del Hospital St. Olavs, sobre el protocolo de emergencia en el que interviene esta sustancia cuando el corazón no responde. Su colega, el anestesiólogo noruego Anders Norvik, agregó sobre el mismo mecanismo: “descubrimos que la adrenalina actúa en el plazo de un minuto”, lo que confirma la rapidez casi inmediata con la que el organismo reacciona ante este disparador hormonal, sea cual sea el motivo que lo provoque.
El bajón después de la euforia
Lo que sube, después baja. Una vez que la amenaza (o el peligro de la eliminación) desaparece, el cuerpo necesita tiempo para procesar y eliminar la adrenalina acumulada, algo que suele demorar entre 20 y 30 minutos, aunque en situaciones de mucha intensidad emocional puede extenderse hasta una hora. Por eso no es raro sentirse agotado, con escalofríos o directamente en baja después de un partido así: es el propio organismo reacomodándose tras el subidón.
La recomendación de los especialistas, más allá del folclore futbolero, apunta a lo de siempre: hidratarse bien, descansar y evitar encadenar sustos de este calibre todas las semanas, porque el estrés repetido —aunque tenga forma de gol en el último minuto— también le pasa factura al corazón a largo plazo.

































