La investigación de la Universidad de Oxford, realizada en más de 200 centros de Inglaterra, también evidenció que la mitad de quienes toman fármacos antihipertensivos sigue con valores por encima del umbral recomendado
La hipertensión arterial es una de las principales causas de infarto, accidente cerebrovascular y muerte prematura en todo el mundo. Sin embargo, al no provocar síntomas evidentes en la mayoría de los casos, millones de personas conviven con ella sin saberlo. Esa particularidad la convierte en una amenaza difícil de detectar a tiempo y, cuando finalmente se manifiesta, suele hacerlo con consecuencias graves.
¿Cuántas personas con presión arterial alta desconocen realmente su situación? Hasta ahora, y modo de ejemplo de una realidad que se replica a lo largo y ancho del planeta, la información disponible en Inglaterra provenía de encuestas relativamente pequeñas, como las de la Oficina Nacional de Estadísticas, que registran datos en unas 4.000 viviendas al año, y de historias clínicas que dejaban un panorama incompleto.
Esas fuentes estimaban que el 29% de los adultos hipertensos carecía de diagnóstico. Un análisis de 1,4 millones de personas publicado en la revista BMJ Public Health duplica esa cifra: casi seis de cada diez adultos con presión arterial alta jamás habían sido diagnosticados ni tomaban medicación para controlarla.
El hallazgo proviene de un trabajo liderado por investigadores del Departamento Nuffield de Salud Poblacional, perteneciente a la Universidad de Oxford. El equipo examinó mediciones clínicas de presión arterial recopiladas por Our Future Health, el mayor programa de investigación sanitaria del Reino Unido, en más de 200 centros distribuidos por toda Inglaterra entre 2022 y 2025.

Más de un tercio de los participantes tenía hipertensión y la mayoría lo ignoraba
Para definir la hipertensión, los investigadores aplicaron los criterios de la Organización Mundial de la Salud: una presión sistólica, es decir, la fuerza que ejerce la sangre sobre las paredes arteriales cuando el corazón se contrae, igual o superior a 140 mmHg; una presión diastólica, que se registra cuando el corazón se relaja entre latidos, igual o superior a 90 mmHg; o bien el uso declarado de medicación para reducir la presión.
Con esa definición, el 37,2% cumplía los criterios de hipertensión. La proporción variaba de forma marcada según la edad: afectaba al 15% de los adultos de entre 18 y 39 años y trepaba al 71% entre los mayores de 80. Tras un ajuste estadístico que permite comparar hombres y mujeres sin que las diferencias de edad distorsionen el resultado, la prevalencia era casi un 50% más alta en ellos: 42% frente a 29%.
Lo más llamativo, sin embargo, apunta a lo que permanece oculto. El 58,8% nunca había sido detectado: no contaban con una valoración médica previa ni recibían tratamiento farmacológico. El problema tampoco se agota en la falta de detección: entre los 182.876 participantes que declararon tomar uno o más fármacos para controlar la presión, el 50,2% seguía con valores iguales o superiores a 140/90 mmHg.
El protocolo de diagnóstico, en el centro de la discusión

Los autores del trabajo describen este fenómeno como una cadena de atención que pierde pacientes en cada eslabón, desde la detección hasta el tratamiento y el control efectivo.
El estudio señala que las guías vigentes del Instituto Nacional para la Excelencia en Salud y Atención (NICE, por sus siglas en inglés), que regulan el abordaje clínico en Inglaterra, exigen múltiples mediciones confirmatorias antes de establecer un diagnóstico formal e iniciar la medicación. Según se detalla en el estudio, ese protocolo “puede contribuir a que muchos casos de hipertensión permanezcan sin diagnosticar ni tratar adecuadamente”.
“Si bien la hipertensión es en gran medida un ‘asesino silencioso’, el enfoque actual no cumple su objetivo”, afirmó Wenyu Liu, especialista en bioestadística de Oxford Population Health y autora principal del trabajo, según el comunicado de prensa de la Universidad de Oxford. Liu añadió que el problema “no se limita a un grupo particular” y subrayó que incluso entre los adultos más jóvenes, quienes no son convocados a los controles preventivos del sistema de salud británico, más del 15% ya presentaba presión arterial alta.
La situación se agudiza en los tramos de mayor edad. Entre los participantes de 80 años o más, tres de cada cuatro tenían hipertensión, la proporción más alta de todo el análisis. El estudio también halló que, si bien las personas mayores con antecedentes de enfermedad cardiovascular o diabetes tenían más probabilidades de haber sido diagnosticadas, presumiblemente porque sus médicos ya controlaban su presión con regularidad, la mitad de quienes recibían tratamiento farmacológico no lograba mantener los valores dentro de los límites recomendados.
De la práctica clínica a la escala poblacional

Desde la consulta médica cotidiana, Iain Turnbull, subdirector médico de Our Future Health, investigador clínico en Oxford Population Health y médico de atención primaria, confirmó que los hallazgos coinciden con lo que observa a diario. “Es necesario un enfoque más proactivo para la detección de la hipertensión y considerar el inicio del tratamiento en función del riesgo cardiovascular”, sostuvo Turnbull en el comunicado de prensa.
Desde fuera del equipo de investigación, Bryan Williams, director científico y médico de la Fundación Británica del Corazón, advirtió que “la presión arterial alta sigue siendo el principal factor de riesgo modificable de enfermedad cardiovascular, vinculada a aproximadamente la mitad de los infartos y accidentes cerebrovasculares en el Reino Unido”. Williams señaló que una mejor detección podría ayudar a decenas de miles de personas a evitar eventos prevenibles, pero que para lograrlo “tendremos que repensar cómo identificamos, tratamos y apoyamos a quienes están en riesgo”.
El trabajo, de diseño transversal, esto es, un análisis que retrata la situación en un momento dado sin seguir a los participantes en el tiempo, reconoce limitaciones: las mediciones se tomaron en una única cita clínica y el uso de medicación fue autodeclarado.
Aun así, según el estudio, las estimaciones de prevalencia resultaron comparables a las encuestas nacionales, lo que refuerza la solidez de los hallazgos. Un último dato subraya la necesidad de ampliar la vigilancia: el 15,3% de los menores de 40 ya presentaba hipertensión, pese a que ese grupo etario no es convocado a los chequeos del sistema nacional de salud, que recién comienzan a los 40.

































