La actriz regresa a la calle Corrientes con 8 Mujeres, una comedia dirigida por José María Muscari. Casi cuatro décadas después de su etapa junto al genial cómico, repasa el camino de transformación personal y profesional que recorrió desde entonces
Hace casi cuarenta años, Silvia Pérez supo que esa etiqueta no se borra. Fue chica Olmedo, y lo será —dice ella misma, entre risas— “hasta el último día de mi vida”. Pero en ese tiempo que va desde los sketches que hoy se viralizan en TikTok hasta el presente, construyó otra carrera: estudió con los mejores maestros, produjo su propio teatro, trabajó con Francis Ford Coppola, protagonizó la película que considera “la de su vida” y se convirtió en profesora de yoga y meditación. Ahora, Silvia Pérez vuelve a la Calle Corrientes con 8 Mujeres, la comedia de misterio de Robert Thomas que dirigirá José María Muscari, y lo hace con una certeza que, según cuenta, le costó años alcanzar: ya no le importa probarle nada a nadie.
Cecilia Roth en Infobae en Vivo
La convocatoria de Muscari llegó en el momento exacto. Pérez acababa de desear, “desde adentro”, volver al teatro comercial después de años en el circuito alternativo. El director la contactó casi al mismo tiempo y le propuso repetir el rol que ya había hecho quince años atrás en la misma obra: Regina, la cuñada que nadie esperaba y que llega a revolver una casa repleta de secretos. “Le dije: re, quiero, estoy. Ni lo pensé”, recuerda. Muscari les había escrito ese mismo día a las seis actrices que ya habían hecho la obra —las otras dos integrantes originales, Norma Pons e Hilda Bernard, fallecieron—, y en menos de dos horas todas habían respondido que sí. Para él, cuenta Pérez, fue una señal.
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El elenco lo completan Marita Ballesteros, Cecilia Dopazo, Emilia Mazer, María Leal, Linda Peretz, Juana Repetto y Mónica Villa. 8 Mujeres se estrena el 8 de octubre en el Teatro Multiteatro (Corrientes 1283), con funciones de jueves a domingos.

— ¿Por qué quisiste volver al teatro comercial ahora?
— Hacía muy pocos días que había pensado o deseado, desde adentro mío, volver a hacer teatro comercial, porque hace años que estoy haciendo teatro alternativo. Y dije: “Ay, qué ganas que tengo de hacer una obra comercial”. Eso pasó, y justo me llama Muscari y me dice: “¿Quisieras hacer de nuevo? Estoy viendo de hacer 8 Mujeres”. Le dije: “Re, quiero, estoy”. Ni lo pensé. Y me dio mucha alegría, primero porque es una obra que fue muy bien, que disfruté mucho. Era muy lindo estar con un elenco tan maravilloso, de tantas actrices tan talentosas. Nos llevábamos muy bien. Fue todo un momento muy lindo.
— ¿Cómo fue la reacción de todo el elenco cuando Muscari las convocó?
— Ese mismo día nos llamó a las seis de las ocho que ya lo hicimos, porque Norma Pons y Hilda Bernard no están más en este plano. Y en menos de dos horas, las seis le contestamos que sí, que queríamos hacerlo y que podíamos. Para él fue como una señal también eso, porque no sucede muy a menudo.
— Todas van a hacer los mismos personajes de hace quince años. ¿Cómo se resuelve eso con el paso del tiempo?
— Es una apuesta tan atípica y tan singular, tal como es Muscari. La obra es atemporal, la apuesta que está haciendo es atemporal. Mi personaje especialmente podría tener este cambio de edad sin que le afectara. Por ahí Cecilia lo dice porque ella era la hija mayor de la familia, una chica que está estudiando en un colegio, entonces por edad no cerraría. Pero lo que está planteando Muscari es maravilloso, ¿entendés? Porque todas estamos haciendo los mismos personajes que hemos hecho.

— ¿Qué podés adelantar de tu personaje, Regina?
— Es la hermana del hombre en cuestión, alrededor del cual gira toda la obra. Llega sin que nadie la espere y genera más intriga, más lío del que ya hay. Es una comedia, fundamentalmente, y eso es muy importante decirlo. Una comedia donde nos reímos de cosas muy profundas, porque te vas a ir pensando. Su sexualidad es parte de lo que la obra plantea: podría decir que es lesbiana, pero también cuenta que sale con hombres, así que podría ser bisexual. Eso es lo que escribió Robert Thomas: temas tan vigentes hoy —la sexualidad, el poder del dinero en los lazos familiares, los vínculos, la psicología de cada personaje— tratados con una mirada de avanzada. Y en cada escena sospechás de una de estas ocho mujeres, creés que vas por ahí, y en la siguiente escena te cambia todo. Está llena de secretos, de mentiras, de intrigas. Vamos descubriéndonos unas a otras.
— ¿Cómo es trabajar con Muscari, a dónde llega en sus búsquedas?
— Es distinto a todo, por lo menos para mi experiencia. Es una persona disruptiva, está constantemente creando. Cuando tuvimos la primera lectura dijo que la obra estaba bien, que no necesitaba adaptarla. Y hoy es casi otra obra: continuamente nos va agregando gags que se le ocurren en el momento y le dicta a su asistente, y vos a veces decís: “¿De dónde lo saca?”. Sabe muy bien lo que quiere y tiene esta singularidad de marcar una coreografía actoral además de la puesta. Yo voy por lo que él me dice, sé que tiene certeza y lo pruebo de una. Y por otro lado es sumamente contenedor y amoroso con cada una de nosotras. Te dice todo lo que tenés que escuchar sin ningún prurito, pero siempre con una palabra alentadora primero. El objetivo que planteó el primer día fue: “El objetivo es ser felices”. No habló de que salga bien la obra. Y estamos yendo por ese objetivo todo el tiempo.
— ¿Y cómo construyen la complicidad siendo ocho actrices, con todo lo que implica compartir camarines y escenas?
— No hay ningún tipo de tensión. De hecho, no la hubo hace quince años tampoco. Hay algo espontáneo que surge entre nosotras que nadie se está proponiendo. Nadie está siendo bueno ni cuidando al otro de manera forzada, es algo que surgió solo. Y que Juana Repetto venga con su bebé de seis meses lo suma más todavía. Todos estamos pendientes. Además, de alguna manera todas nos conocemos: somos actrices de trayectoria, conocidas también por la televisión. Haber juntado a ocho actrices de tantos años de recorrido es algo bastante significativo.

— Es inevitable hablar con vos de tu época de chica Olmedo. ¿Qué sentís cuando surge el tema?
— Sé que es inevitable. En ese momento, de hecho tengo libros escritos donde cuento esto, era muy la frase: “sin darme cuenta”. Porque yo necesitaba mucho trabajar —mantenía a mi hija yo sola— y lo primordial era que estaba trabajando y me sentía muy agradecida de tener trabajo siempre. El tema de ser sexy, salir en tapas de revistas, la ropa interior y todo eso, para mí era como un accesorio de mi trabajo. Hoy lo pienso y me tengo mucho amor y cariño, porque realmente soy una luchadora, una guerrera, siempre fui para adelante. Siempre defendí mis valores. Nunca hice nada que no quisiera hacer. Me quedé sin trabajo por esa situación en algunos momentos, pero gracias a Dios siempre pude seguir adelante.
— ¿A qué te referís con que te quedaste sin trabajo por defender tus valores?
— Algunas veces tuve problemas con productores, no quería aceptar lo que me proponían y me echaron de programas. Eso sucedía antes un montón. Lo que pasa es que ahora, por ejemplo, se puede decir y lo están contando, se puede considerar un delito, pueden hacer que no trabajes más. Pero esas cosas sucedían en ese momento. Yo pensaba que siempre me iba a ir bien si seguía mis principios, y de hecho me fue bien. La pasé mal en muchos momentos, pero siempre seguí trabajando.

— También trabajaste con Jorge Porcel, y en las últimas semanas se habló mucho de lo que pasaba a su alrededor. ¿Qué recordás de esa experiencia?
— Mirá, en una oportunidad Gerardo Sofovich me hizo reemplazar a Luis Albinoni en “La peluquería” y trabajar con él, y él me la hizo pasar muy mal. No tuve ningún problema porque me haya faltado el respeto físicamente, aunque de alguna manera, si no me miraba cuando yo le hablaba mientras grabábamos, era una manera de faltar el respeto. Y después, cuando ya había muerto el Negro, hicimos una película en homenaje a él, El profesor Punk, que la pasan a cada rato ahora, y no tuve ningún inconveniente con él. Yo siempre me hice respetar. Lo que pasa es que a veces a la gente no le gustaba eso, y pagabas las consecuencias.
— Más allá de la figura popular que conserva el público, ¿qué lugar ocupa Olmedo en tus recuerdos personales?
— Muy importante en lo laboral y en mi profesión. Después de su muerte fui a estudiar teatro con casi todos los maestros que existen acá, terminando con Gandolfo. Pero la realidad es que yo aprendí a ser actriz al lado del Negro. A estar presente en el escenario, en una grabación, a estar pendiente de lo que iba a decir, que no se sabía nunca. Era como una escuela de teatro. De hecho, una vez en el escenario me tiró en el sillón y me dijo: “Si esto no es una escuela de teatro, ¿qué es?”. Ahora, últimamente, cuando salgo al escenario me da fuerza recordar eso. Digo: “Yo puedo”. Y después en el plano personal, más allá de recordarlo por su genialidad, hubo un costado difícil y duro que tiene que ver con el ser humano, con ese vacío que uno puede sentir más allá de tener todo aquello que el mundo considera que necesitamos —la fama, el dinero—, que a veces si tu corazón no está bien y tenés una niñez difícil, es difícil la vida. Me parece importante recordar eso.

— ¿Hubo algo de eso? Porque vos has hablado de que mantuvieron una relación fuera de la exposición pública. Hoy a la distancia, ¿entendés por qué fue?
— Sí, entiendo por qué fue, pero me parece que no es tampoco para decirlo en una nota. Yo era muy chica. Me sentía como que era muy grande, pero tenía 31, 32 años. Y había muchas situaciones donde me sentía como que quería salvar situaciones, sin conocer ni siquiera quién era yo y qué podía hacer con mi vida. Pasaron algunas situaciones que no amerita volver a recordar en este momento.
— ¿Y eras vos la que quería mantener esa relación en reserva?
— No sé si llamarla una relación tampoco. Sí puedo decirte lo que significó, sobre todo profesionalmente. La muerte de él me hizo pensar en mí, en quién soy, en qué quiero, y en algo que a veces se pierde de vista en este mundo, que tiene una velocidad de tren bala.
— ¿Cómo fue la transición después de su muerte, el proceso de reinventarte como actriz?
Durante mucho tiempo no me llamaron para trabajar porque todo el mundo tenía la imagen de Olmedo al lado mío. Eso fue muy duro y me hizo empezar a estudiar teatro y a pensar qué quería. El primer proyecto que hice fue mío: El último pasaje, una obra de Marise Monteiro que produje yo, con mi hija y con Alejandro Odara. Me ayudó mucho Carlos Gandolfo a ver qué quería hacer y qué era lo que la gente podía recibir después de haberme visto en esa etapa. Elegí una comedia dramática. Después, de a poco, sobre todo los autores y guionistas jóvenes que miran sin tanto prejuicio, empezaron a llamarme. Como Anahí Berneri, que me dio la película de mi vida con Encarnación. Después tuve la posibilidad de trabajar con Coppola cuando vino a hacer acá su película. Hice una película italiana también con Alessandro Gassmann. Y así empecé de nuevo, de a poco.

— A partir de la muerte de Olmedo también te volcaste al yoga, la meditación, la respiración consciente, los viajes a la India, ¿todo eso lo seguís manteniendo?
— Sí, lo mantengo. Soy profesora de yoga y de meditación, de hecho lo hice dos veces. Fue una manera de acercarme a mí, porque estaba bastante alejada de mí. Como bien te dije, no me daba cuenta de nada: agradecía tener trabajo, pero nunca pensé en mi carrera, en qué quería para mí como actriz. Tenía un trabajo y lo agradecía, lo aceptaba, lo elegía, lo necesitaba. Empecé a pensar qué quería, y me llevó bastante tiempo.
— Tus sketches con Olmedo, el de Borges y Álvarez sobre todo, se viralizan en TikTok, X e Instagram casi cuarenta años después. No le sucede a mucha gente esa permanencia. ¿Qué te pasa con eso?
— ¡Y pensá que van a ser casi cuarenta años! Hoy estoy reconciliada con todo eso y sé que siempre voy a ser una chica Olmedo hasta el último día de mi vida. Y lo agradezco. Cada vez que entro a un ensayo y un técnico me dice “uy, anoche te vi”, o cuando por ejemplo fui al programa de Jey Mammon, que estaba Walter Nelson y dijo “te vemos siempre”… Todos siguen viendo esos sketches. Y eso es hermoso. Estoy muy agradecida.

































