Tras el paro general convocado contra la reforma laboral, uno de los dirigentes más influyentes de la CGT sorprendió al cuestionar abiertamente la falta de protestas durante la gestión de Alberto Fernández. Cristian Jerónimo, cosecretario general de la central obrera, reconoció que “seguramente” debieron haberse tomado más medidas de fuerza contra el exmandatario, a quien calificó como “impresentable”.
“Para mí, si me preguntás si a Alberto Fernández le tendríamos que haber hecho más de una medida de fuerza, seguramente que sí”, sostuvo el dirigente sindical en declaraciones a Radio La Red. No obstante, aclaró que la pandemia condicionó el accionar gremial durante buena parte de ese período. Según explicó, también hubo diferencias en materia salarial, ya que “no le ponían tope a las paritarias”.
Balance crítico del paro y del Congreso
Jerónimo también relativizó el impacto de la huelga al señalar que “nunca dijimos que el paro fue exitoso”, y denunció que “hubo ficción en la Cámara de Diputados” durante el tratamiento de la reforma laboral. En esa línea, acusó al gobierno de Milei de buscar debilitar a la central obrera y sostuvo que “los cambios dentro del proyecto de ley tuvieron la intención de dejar de legitimar a la CGT”.
El sindicalista fue aún más duro al afirmar que existe “una conspiración del Gobierno contra la CGT” y calificó a la administración nacional como “un gobierno de mentirosos”. Sin embargo, evitó centrarse exclusivamente en la confrontación política y planteó que el objetivo es “que le vaya bien a la Argentina”, siempre que existan ámbitos reales de diálogo y negociación.
También defendió la legitimidad de los reclamos sindicales ante el aumento de despidos y cierres de empresas. “Ellos pueden tener la ley, pero todos los días nos levantamos con cierre de empresas”, advirtió, al tiempo que sostuvo que el crecimiento del trabajo informal “no es fracaso de una ley, es el fracaso de la política”.
La CGT defendió la magnitud de la huelga
Mientras algunos dirigentes relativizaban el impacto, la conducción cegetista aseguró que el paro tuvo un acatamiento superior al 90%. El cosecretario general Jorge Sola afirmó que la medida reflejó un “enorme rechazo” a las políticas laborales del gobierno de Milei. La huelga se sintió con fuerza en el transporte y en sectores industriales, aunque tuvo menor impacto en el comercio minorista.
La paralización de trenes, subtes y la mayoría de los colectivos -con excepción de las líneas del grupo DOTA- obligó a miles de trabajadores a recurrir a aplicaciones de transporte o combis. Sola sostuvo que la protesta fue una respuesta a lo que definió como “la destrucción del tejido productivo” y vinculó la situación con cierres empresariales recientes, entre ellos el de la fábrica de neumáticos Fate.
Presión interna y movilización de los sectores “duros”
El paro también estuvo atravesado por tensiones dentro del propio movimiento obrero. Sectores más combativos de la CGT y sindicatos alineados con las CTA impulsaron una movilización al Congreso mientras se debatía la reforma laboral. Entre ellos se destacó el Frente de Sindicatos Unidos, integrado por gremios como la UOM, Aceiteros, Pilotos, Aeronáuticos y ATE. Su referente, Abel Furlán, aseguró que la iniciativa oficial implica “sometimiento y pérdida de dignidad” para los trabajadores y prometió profundizar la lucha.

































