La actriz también lució espectacular en la gala benéfica organizada por su esposo François-Henri Pinault, en Venecia.
En el marco de la Bienal de Venecia, la gala de la Fundación Giorgio Cini volvió a convertirse en una pasarela de poder y estilo. François-Henri Pinault posó a su esposa, Salma Hayek, y sus dos hijas en una postal que sintetizó herencia, sofisticación y proyección. Pero todas las miradas se posaron, sin discusión,en Valentina Paloma Pinault y Mathilde Pinault.
Valentina Paloma, con 18 años es hija de Salma Hayek y Pinault. La menor de la familia quiere ser directora de cine. Reafirmó su creciente identidad dentro del universo fashion con un estilismo que dialogó de forma directa con el de su mamá. Eligió un vestido negro de escote asimétrico, líneas limpias y caída fluida, que se ajustó con naturalidad a su silueta.

El diseño contó con un corte sensual, de hombro al descubierto y manga larga. La terminación del vestido tiene un tajo profundo que permitió ver las sandalias de tira en diamantes. Accesorizó con un clutch metalizado que rompío la sobriedad del diseño.
El beauty look fue clave: pelo rubio miel, lacio y pulido, y un make up sutil que reforzó una estética elegante, moderna y sin excesos.
En contraste, Mathilde Pinault hija del primer matrimonio de Francois, con 25 años es modelo y amante de la equitación.

Ella, apostó por una elegancia más estructurada y moderna: su vestido negro de largo total incorporó un corte cut-out en la zona del abdomen, escote corazón plegado que añadió tensión visual y un aire contemporáneo sin perder sofisticación.
Completó el conjunto con zapatos stilettos negros y un bolso de mano a tono. Para el beauty look, lució un pelo suelto con ondas suaves y flequillo enmarcó el rostro, aportó naturalidad a un look de líneas definidas.
Salma Hayek desmostró sofiticación y sensualidad con un vestido brillante: lució un vestido negro de lentejuelas con escote diagonal de hombro descubierto, una elección audaz con elegancia clásica.

La pieza, ceñida al cuerpo, resaltó su figura y contó con una caída larga de pliegues en el abdomen que determinaron el diseño.
El refinamiento atemporal que ella representó se reflejó, reinterpretado, en su hija que usó un vestido de la misma impronta. El beauty look de Salma se centró en nuevo look de pelo negro y canas a la vista.

Por su parte, François-Henri Pinault optó por la sobriedad impecable. Llevó un traje azul marino de corte preciso, acompañado de camisa blanca y corbata en tonos coordinados. Su look reafirmó la elegancia clásica masculina de lujo silecioso.

































