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POLICIALES

EL CRIMEN DE MANUEL ROSEO La trama detrás de una de las perpetuas de “El Gusano” Menocchio

El apellido Menocchio volvió a escena por la causa Viva, pero mucho antes quedó asociado a uno de los crímenes más estremecedores del Chaco: el asesinato de Manuel Roseo y Nélida Bartolomé, detrás del cual la Justicia reconstruyó un plan para apoderarse de la gigantesca estancia La Fidelidad.

La aparición del apellido Menocchio en la denominada causa Viva volvió a despertar en Chaco el recuerdo de una historia mucho más antigua y brutal. Antes de que Luis Raúl “El Gusano” Menocchio volviera a quedar mencionado en una investigación federal que actualmente alcanza a sus hijos Luciano y Lucas, su nombre ya estaba ligado a uno de los expedientes criminales más impactantes de la provincia: el asesinato del terrateniente Manuel Roseo y de su cuñada Nélida Bartolomé, ocurrido en enero de 2011.

No se trató solamente de un doble homicidio. Detrás de las muertes, la Justicia reconstruyó una compleja maniobra destinada a apropiarse de La Fidelidad, una estancia de alrededor de 250.000 hectáreas repartidas entre Chaco y Formosa. El establecimiento era tan grande que su superficie equivalía aproximadamente a 2.500 kilómetros cuadrados y estaba atravesado por el río Bermejo.

Manuel Roseo, el dueño de una fortuna que vivía sin lujos

Manuel Roseo tenía 75 años cuando fue asesinado. Era uno de los mayores propietarios rurales del Chaco, pero su vida cotidiana estaba muy lejos de la imagen clásica de un gran terrateniente. Vivía austeramente en Juan José Castelli y mantenía una rutina sencilla, pese a ser propietario de uno de los campos privados más extensos del país.

La Fidelidad había llegado a manos de Manuel y de su hermano Luis a comienzos de la década de 1970, después de que vendieran un emprendimiento textil que tenían en Buenos Aires y compraran las tierras a Jorge Born. El establecimiento comprendía aproximadamente 150.000 hectáreas en territorio chaqueño y otras 100.000 en Formosa.

Con el paso de los años, Roseo quedó prácticamente solo al frente del patrimonio. Su hermano y su esposa habían fallecido y en la vivienda de Castelli convivía con su cuñada Nélida Bartolomé. A su alrededor había empleados y personas de confianza que intervenían en la administración del campo y del aserradero.

También arrastraba desde hacía tiempo distintas disputas por sus propiedades. Durante el juicio, uno de los escribanos que lo asesoraba recordó que Roseo manifestaba preocupación porque sentía que intentaban “sacarle los campos”. Esa preocupación terminaría siendo central para entender lo que ocurrió después.

Cómo apareció Menocchio en la vida de Roseo

Según la reconstrucción judicial, Luis Raúl Menocchio supo de la existencia de La Fidelidad hacia fines de 2010. Para entonces arrastraba un historial criminal considerable y ya había estado involucrado en otras investigaciones. La acusación sostuvo que comenzó a acercarse a Roseo bajo la apariencia de un potencial comprador interesado en adquirir parte de sus tierras.

Ese punto resulta importante: no hay elementos firmes para afirmar que Menocchio haya convivido con Roseo. Lo que sí quedó acreditado durante el juicio fue que se acercó personalmente a su entorno, visitó La Fidelidad y consiguió un grado de confianza suficiente para tener acceso al propietario. Roberto Steer, un carpintero que trabajaba con Roseo y sí vivía con él, declaró que conoció a Menocchio cuando llegó a la estancia acompañado por otra persona durante los primeros días de enero de 2011 para conocer el establecimiento.

Otro dato que tomó relevancia durante el debate fue la forma en la que Menocchio habría ingresado a la vivienda la mañana del crimen. Los testimonios indicaron que Roseo era extremadamente reservado: los empleados utilizaban un acceso diferente y él solamente se levantaba a abrir la puerta principal cuando reconocía a alguien de confianza.

Además, una empleada de un hotel de Juan José Castelli declaró durante el juicio que Menocchio se había hospedado en la ciudad días antes del doble homicidio. Otro testigo, Claudio Gallinger, sostuvo que durante la mañana del 13 de enero vio a un hombre bajar de un automóvil y dirigirse hacia la casa de Roseo, y que posteriormente reconoció a esa persona como Menocchio.

La maniobra sobre La Fidelidad

Mientras Menocchio aparecía como supuesto interesado en las tierras, alrededor de Roseo ya se había desplegado una trama documental mucho más compleja. En distintas jurisdicciones comenzaron a surgir boletos de compraventa, poderes y operaciones que el entorno jurídico del estanciero consideraba sospechosos.

Uno de los episodios más significativos ocurrió en San Lorenzo, Santa Fe. Allí se había iniciado una demanda contra Roseo por un supuesto incumplimiento contractual relacionado con una enorme extensión de La Fidelidad. El reclamante era Claudio Alfredo Gómez, quien sostenía contar con documentación que respaldaba una compraventa.

La situación llamó inmediatamente la atención de los abogados del terrateniente: resultaba difícil explicar por qué un hombre de más de 70 años, profundamente arraigado en Castelli y cuidadoso con sus negocios, habría viajado alrededor de mil kilómetros para realizar una millonaria operación inmobiliaria en otra provincia.

Durante el juicio aparecieron además distintos montos y versiones vinculados a supuestas operaciones de compraventa. Menocchio llegó a sostener en su defensa que había adquirido la propiedad de Roseo por 40 millones de dólares. Otras reconstrucciones anteriores hablaban de una entrega millonaria por una fracción de las tierras. Lo central es que el tribunal no aceptó la explicación del acusado y consideró inconsistentes los mecanismos mediante los cuales supuestamente se había concretado la operación.

Uno de los argumentos más contundentes quedó plasmado en los fundamentos del juez Nelson Pelliza Redondo, quien cuestionó la lógica de la historia presentada alrededor del supuesto pago. El magistrado se preguntó cómo un hombre de la edad y contextura de Roseo podría haber trasladado por su cuenta una cantidad de efectivo que, según el cálculo expuesto durante el proceso, habría pesado alrededor de 340 kilos.

Firmas, documentos y un falso Roseo

La investigación avanzó además sobre una verdadera ingeniería destinada a otorgarle apariencia legal al desapoderamiento. El expediente reconstruyó la intervención de distintas personas en Chaco, Misiones, Santa Fe y otras provincias, e incluso la existencia de un hombre que se habría presentado haciéndose pasar por Manuel Roseo en operaciones documentales.

También apareció el nombre de Nidio Enrique Gómez Sosa, señalado años después como otra pieza de la maniobra y conocido en las crónicas judiciales como “El Falsificador”. Durante una investigación realizada posteriormente se encontraron hojas en las que se practicaba reiteradamente la firma del terrateniente. Gómez Sosa permaneció prófugo durante años, fue capturado en Corrientes en 2019 y murió en prisión en 2020 antes de llegar a un nuevo juicio.

Su situación debe distinguirse de la de Claudio Alfredo Gómez, quien sí integró el primer juicio junto a Menocchio y Salvador Borda y terminó condenado a prisión perpetua. La causa reveló así una red más extensa que los tres hombres que finalmente ocuparon el banquillo principal.

La hipótesis sostenida por la querella fue que el objetivo final consistía en generar documentación que permitiera confeccionar una escritura de La Fidelidad, transferir el establecimiento y posteriormente venderlo. Para entonces, Roseo debía desaparecer.

13 de enero de 2011: la mañana del crimen

La secuencia final comenzó durante las primeras horas del 13 de enero de 2011. De acuerdo con la investigación, Menocchio, Claudio Gómez y Salvador Borda llegaron poco después de las 7 a la vivienda de Manuel Roseo en Juan José Castelli.

Dentro de la casa fueron atacados Roseo y Nélida Bartolomé. Las autopsias y pericias incorporadas al proceso describieron un cuadro de extrema violencia. La acusación sostuvo que el estanciero fue sometido para conseguir que avalara documentación relacionada con las tierras.

Uno de los puntos centrales de la teoría presentada durante el debate fue que Roseo se negó a firmar. Según expuso la querella, los atacantes habrían utilizado por la fuerza su impresión digital y la maniobra documental debía completarse mediante firmas y certificaciones que permitieran darle apariencia de legitimidad a la transferencia patrimonial.

Nélida Bartolomé también fue asesinada. Para los investigadores, su presencia representaba un obstáculo para el plan porque podía convertirse en testigo de lo ocurrido.

Después de los homicidios, los atacantes intentaron alterar el escenario. La investigación estableció que limpiaron sectores de la vivienda utilizando solventes y quitaesmaltes y buscaron presentar el episodio como si hubiera sido un asalto violento, ocultando el verdadero móvil relacionado con las tierras.

Sergio Berg: el hombre que tenía que morir y sobrevivió

Pero el plan tuvo una falla decisiva. Sergio Omar Berg, secretario y hombre de confianza de Roseo, llegó a la vivienda y se encontró con los atacantes. Fue golpeado, reducido, inmovilizado y colocado dentro del baúl de un automóvil.

Según relató posteriormente ante los jueces, durante el traslado escuchó una llamada telefónica en la que alguien alertó a uno de los hombres de que la Policía ya sabía lo ocurrido. Berg recordó además haber oído que uno de los presentes era llamado “Raúl” y reconoció una particularidad en su forma de hablar que posteriormente vinculó con Menocchio.

Los atacantes consideraron incluso la posibilidad de enterrarlo. Berg tenía la cabeza cubierta y enormes dificultades para respirar. En un momento decidió simular que estaba muerto. La estrategia le salvó la vida.

Convencidos de que ya no respiraba, lo abandonaron en un camino rural próximo a Tres Isletas. Berg sobrevivió y su testimonio terminó convirtiéndose en una de las piezas más importantes de todo el expediente.

Su relato permitió reconstruir parte de lo ocurrido dentro de la casa, el traslado posterior y la presencia de un hombre identificado como “Raúl”. Junto con los demás testimonios, fue cerrando el círculo alrededor de Menocchio.

El hallazgo de los cuerpos y las primeras pistas

Mientras Berg permanecía cautivo, Delfina Beatriz Duarte llegó a la casa de Roseo porque el productor la había citado para interiorizarla sobre cuestiones vinculadas con la administración del campo y el aserradero. Al no recibir respuesta, observó el interior de la vivienda y advirtió una situación fuera de lo normal.

La Policía llegó pocos minutos después. En el interior encontraron los cuerpos de Nélida Bartolomé y Manuel Roseo. La escena mostraba una violencia que los investigadores rápidamente entendieron que excedía la hipótesis de un simple robo.

El entonces jefe policial de Castelli declaró posteriormente que lo que encontró dentro de la casa evidenciaba “violencia a mansalva”. Las pericias concluyeron, además, que Roseo no murió inmediatamente: atravesó una agonía que fue valorada por los especialistas y por el tribunal a la hora de analizar la brutalidad del ataque.

Los testigos que ubicaron a Menocchio

Además del testimonio de Berg, la acusación reunió otros elementos. Claudio Gallinger, que se encontraba trabajando en Castelli, declaró que había visto a Menocchio dirigirse hacia la vivienda de Roseo aproximadamente a la hora en la que ocurrió el crimen.

Roberto Steer aportó otro elemento sobre la relación previa. Señaló que Menocchio había sido presentado días antes como una persona interesada en conocer La Fidelidad. Para la acusación, aquello demostraba que el ingreso del acusado al entorno del terrateniente no había ocurrido de manera improvisada la mañana del asesinato.

A lo largo del debate también declararon escribanos, abogados, peritos calígrafos, empleados y personas relacionadas con las operaciones inmobiliarias que rodeaban a La Fidelidad. El juicio terminó conformando un enorme rompecabezas en el que las muertes estaban directamente vinculadas con el intento de controlar el patrimonio de Roseo.

La versión de “El Gusano” y la respuesta de los jueces

Menocchio negó durante todo el proceso haber participado del doble crimen. Entre sus argumentos sostuvo que había comprado legalmente la propiedad y afirmó que el día de los homicidios se encontraba de vacaciones en Ituzaingó, Corrientes.

Su posición quedó resumida en una de las frases incorporadas al expediente: “No tuve ninguna vinculación con el hecho del que se me acusa”. También insistió en que existía una compraventa legítima detrás de su relación con Roseo.

El tribunal no le creyó. Los jueces Nelson Pelliza Redondo, Fanny Alicia Zamateo y Rosana Glibota, integrantes de la Cámara II en lo Criminal de Sáenz Peña, analizaron durante meses testimonios, documentación y evidencia física y concluyeron que la versión defensiva había sido contradicha por el conjunto de pruebas.

En los fundamentos, Pelliza Redondo puso especialmente en duda la explicación económica ofrecida para justificar la supuesta adquisición del campo. La dimensión del pago, la logística necesaria para trasladar semejante volumen de efectivo y las características personales de Roseo fueron algunos de los elementos utilizados para desacreditar aquella historia.

Tres perpetuas por el crimen de Roseo y Bartolomé

El juicio oral comenzó el 24 de junio de 2013 en Presidencia Roque Sáenz Peña y se extendió durante casi tres meses. Por el banquillo pasaron decenas de testigos y se reconstruyó tanto la secuencia homicida como las operaciones económicas y documentales que la precedieron.

El 7 de octubre de 2013, el tribunal declaró a Luis Raúl Menocchio, Claudio Alfredo Gómez y Salvador Borda penalmente responsables y los condenó a prisión perpetua por los homicidios y el intento de matar a Sergio Berg.

Para Menocchio significó sumar otra condena máxima. Ya había sido condenado por el asesinato del productor audiovisual Claudio Nozzi, cometido años antes en Corrientes. El hombre apodado “El Gusano” y “El hombre de las mil caras” quedaba definitivamente asociado a dos de los expedientes criminales más resonantes de la región.

El crimen en la literatura chaqueña

La conmoción que provocó el asesinato de Manuel Roseo y Nélida Bartolomé trascendió el expediente judicial y también encontró una expresión en la literatura. El caso inspiró al escritor de Juan José Castelli Miguel Ángel Vidaurre a escribir “El Gusano”, una obra de ficción basada en hechos reales que toma como eje el doble crimen que sacudió a la localidad y la disputa por las valiosas tierras de La Fidelidad.

El libro, publicado por Editorial Contexto, fue presentado el 3 de agosto de 2013 durante la Feria del Libro Chaqueño y Regional realizada en Resistencia, cuando todavía se encontraba en pleno desarrollo el juicio oral por el asesinato de Roseo. La obra reconstruyó desde la ficción una historia atravesada por la ambición, las tierras, el crimen y el impacto que el caso produjo en una comunidad como Castelli.

La repercusión fue significativa: la primera edición se agotó en aproximadamente dos meses. Además, la obra fue declarada de interés legislativo y ejemplares fueron adquiridos por municipios chaqueños para ser destinados a escuelas y bibliotecas. De esa manera, el caso Roseo no solamente quedó registrado en expedientes, sentencias y archivos periodísticos, sino que pasó también a formar parte de la producción literaria surgida desde el propio territorio donde ocurrió el crimen.

La Fidelidad después de Manuel Roseo

La muerte de Roseo no cerró la historia de las tierras. Por el contrario, abrió otro capítulo que se extendió durante años entre sucesiones, expropiaciones, litigios y proyectos de conservación ambiental.

Una gran porción de la antigua estancia ubicada en territorio chaqueño terminó convirtiéndose en el actual Parque Nacional El Impenetrable. La ley nacional que creó el área protegida estableció una superficie cercana a las 130.000 hectáreas, que posteriormente pasaron a ser administradas por Parques Nacionales.

Pero existía otro conflicto paralelo por unas 20.000 hectáreas de La Fidelidad que habían sido alcanzadas por una legislación provincial con el objetivo de reubicar a pobladores criollos provenientes de tierras vinculadas a la Asociación Meguesoxochi.

La expropiación debía contemplar una indemnización, pero durante años no llegó a concretarse de manera efectiva. Esa situación dejó a la familia Roseo sin poder disponer libremente de esa parte del patrimonio y dio origen a una extensa disputa judicial.

Los hijos de Roseo y la pelea por la herencia

Después del asesinato también se conoció con mayor claridad la vida familiar que Manuel Roseo había mantenido lejos de la exposición pública. Entre sus herederos quedaron Lucía y Emanuel Roseo Cuéllar, quienes junto a su entorno familiar comenzaron a atravesar una compleja sucesión y distintas disputas vinculadas con los bienes que habían pertenecido al estanciero.

Una de las principales batallas se produjo precisamente por aquellas 20.000 hectáreas que habían quedado afectadas por la expropiación provincial. El planteo sostuvo que el Estado había mantenido durante años una restricción sobre las tierras sin concretar el procedimiento correspondiente ni pagar la indemnización prevista.

En 2019, el Juzgado Civil, Comercial y Laboral de Juan José Castelli hizo lugar a una acción impulsada por la familia y declaró el abandono de la expropiación de esa fracción. De esta forma, los herederos recuperaron la posibilidad de disponer nuevamente de aproximadamente 20.000 hectáreas.

El fallo fue celebrado por el abogado Carlos Gustavo Del Corro, representante de la familia, quien durante años había intervenido tanto en las derivaciones patrimoniales como en las discusiones judiciales posteriores al asesinato.

Esa resolución no modificó la existencia del Parque Nacional El Impenetrable sobre las aproximadamente 130.000 hectáreas que conforman el área protegida. Se trataba de una fracción distinta, que había quedado sometida a otro régimen jurídico y a otro conflicto con el Estado provincial.

Un apellido que quince años después volvió a las noticias

 

El caso Roseo parecía desde hacía años formar parte de la historia criminal reciente del Chaco. Sin embargo, durante este fin de semana de agosto de 2026, el apellido Menocchio volvió a ocupar el centro de la agenda a partir de los allanamientos vinculados con la cadena de gimnasios Viva y la investigación federal conocida como Operativo Berlín.

La nueva causa es completamente diferente y deberá determinar responsabilidades propias. Las detenciones de Luciano y Lucas Menocchio, hijos de “El Gusano”, no modifican ni reabren judicialmente lo ocurrido con Roseo. Pero inevitablemente reactivaron la memoria de aquel expediente y de una familia que durante años convivió con las consecuencias del doble crimen.

La reacción más simbólica llegó de parte de Lucía Roseo Cuéllar. Después de conocerse las novedades de la causa Viva, la hija del estanciero publicó en sus redes sociales: “El tiempo pone todo en su lugar. Y Dios me dará vida para verlo”.

Quince años después del asesinato de su padre, la frase volvió a conectar dos momentos separados por el tiempo. Por un lado, aquel enero de 2011 en el que un supuesto negocio inmobiliario terminó revelándose como una trama de engaños, documentos, violencia y muerte. Por el otro, una investigación completamente distinta que en 2026 volvió a colocar a Luis Raúl “El Gusano” Menocchio y a su entorno familiar bajo la atención pública.

En el medio quedó La Fidelidad: el gigantesco campo que estuvo en el origen de una de las causas judiciales más estremecedoras del Chaco, que después del crimen atravesó expropiaciones y batallas sucesorias y cuya mayor parte chaqueña terminó transformada en uno de los espacios naturales protegidos más importantes del norte argentino.

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