De gran personalidad, ambos le imprimieron al equipo un estilo agresivo como el que ellos mostraron siempre dentro y fuera de la cancha.
La historia de los Hassan, los hermanos picantes que conducen a Egipto en este Mundial 2026, guarda muchas similitudes con tantas otras protagonizadas por gemelos o mellizos.
La Argentina tiene varias, aunque una muy actual: Gustavo y Guillermo Barros Schelotto, que todavía hoy siguen juntos. Ellos también son picantes y tienen mil y una peleas, aunque los Hassan son políticamente muy incorrectos y trascienden límites que los Schelotto cuidan.
Lejos de dos caritas buenas que esconden diabluras, los egipcios se muestran en apariencia como dos tipos bravos, capaces de cualquier cosa.
La historia de los hermanos Hassan: el “rey” Hossam y su gemelo Ibrahim
Hasta la aparición y consolidación de Mohamed Salah como la máxima figura en la historia del fútbol de Egipto, el escalón más alto para un jugador nacido en ese país tenía un nombre y apellido: Hossam Hassan, alias el “rey”, el jugador que más títulos ganó en la historia de África.
Ibrahim jugaba como lateral derecho, mientras que Hossam era un delantero de área, potente y prepotente, capaz de llevarse puesto a los rivales con las armas que tuviese a mano. “Era mejor tenerlo de compañero que de rival”, lo definió Haytham Farouk, quien lo padeció primero como contrario y luego lo disfrutó de compañero, en un reporte publicado por The New York Times.
Asumió como entrenador del seleccionado hace dos años y medio luego de desafiar públicamente al propio Mo Salah, quien abandonó la concentración en Costa de Marfil durante la Copa África por una lesión muscular y decidió ir a Liverpool a recuperarse.

A Hossam Hassan, que no había asumido como DT por entonces, no le gustó la actitud de la estrella del equipo y le mandó un mensaje al crack para que ni se gastase en volver porque Egipto tenía “hombres” para hacer el trabajo.
Lo cierto es que el seleccionado quedó eliminado en octavos de final y esa floja actuación en la copa continental le permitió a Hossam y su gemelo Ibrahim tomar las riendas del equipo nacional de cara a las eliminatorias del Mundial 2026. Lo hizo con Mo Salah como referente principal.
No fue la primera vez que el “rey” salió airoso de un conflicto público. De hecho, en un tema mucho más espeso, apoyó al dictador Hosni Mubarak, que gobernó Egipto durante tres décadas y fue acusado de complicidad en el asesinato de 850 personas en las manifestaciones de 2011 que terminaron con su destitución del poder.
Para Hossan, los que querían la revolución eran traidores a la patria. Pese a todo, y con el paso del tiempo, Hassan mantuvo su rol referencial dentro del fútbol y también como un líder nacionalista y defensor de los valores y la garra egipcia.

También salieron ilesos de un duelo deportivo histórico: el clásico de El Cairo entre Al Ahly y Zamalek. Los gemelos surgieron del primero, un club vinculado con el sentir nacional y popular; mientras que el otro equipo siempre representó a las clases altas, en particular a los extranjeros y colonizadores.
En Egipto se recuerda que Al Ahly no le quiso renovar el contrato a Ibrahim y Hassan también se fue del club. Cuando los gemelos firmaron para Zamalek casi estalla todo. Haytham Farouk, quien fue compañero de equipo en el nuevo club, describió aquel episodio como “casi provocan la Tercera Guerra Mundial”. Con los hermanos, que ya tenían 34 años, el equipo ganó tres títulos, lo que llevó a Ibrahim a sentenciar: “Dios hace que la tierra se trague a quien nos desafíe”.
A propósito de Ibrahim, aunque es el segundo entrenador, lejos está del bajo perfil y toma decisiones a la altura de su hermano. Sin embargo, no siempre está sentado en el banco junto a Hossam.
A veces se ubica en la platea y desde allí da indicaciones; o puede aparecerse en una conferencia de prensa, pero no para brindar respuestas desde el estrado, sino para meterse entre los periodistas y refutar, cara a cara, las preguntas que no le gustan, aunque éstas, en realidad, estén dirigidas a su hermano.

El temperamento de ambos siempre está a prueba. Por ejemplo, Hossam fue excluido en los 90 de la selección por haber ido a la casa del entrenador, en medio de la noche, a resolver las diferencias que tenían. Ibrahim no pudo jugar la Copa Africana de 1998 porque la propia Federación de Egipto lo sancionó después de que les hiciera gestos ofensivos a sus propios hinchas durante un partido en Rabat.
Antes de ello, tal como lo reconstruye The New York Times, hubo una pelea entre jugadores de la selección egipcia y un equipo libanés en pleno partido, que obligó a la intervención del ejército. Ibrahim, al ver que su hermano podía ser golpeado con un rifle, le quitó el arma al oficial.

































