La fiscal Cecilia Pagano Mata reveló que recibió un expediente desordenado y sin una teoría del caso. Mientras la familia sigue reclamando respuestas, la causa avanza con medidas clave para esclarecer el paradero de la joven.
Dos años después de la desaparición de Luciana Muñoz en Neuquén, la investigación atraviesa una etapa decisiva. Lo que debía ser una causa consolidada llegó a manos de la Justicia Federal convertida en un rompecabezas: cientos de actuaciones dispersas, pruebas incompletas y ninguna teoría clara sobre qué ocurrió con la joven que fue vista por última vez el 13 de julio de 2024.
El desafío quedó en manos del equipo encabezado por la fiscal federal Cecilia Pagano Mata, que tuvo que empezar prácticamente desde cero.
Durante meses, 23 integrantes de la fiscalía revisaron cada documento recibido para intentar reconstruir una investigación marcada por las irregularidades y las demoras denunciadas desde hace tiempo por la familia de Luciana.
Un expediente desordenado y la reconstrucción de la causa
La causa llegó el 30 de diciembre de 2025 a la Fiscalía Federal y estaba incompleta. Así lo aseguró la jefa de la Unidad Fiscal Federal neuquina, Cecilia Pagano Mata, quien en diálogo con La Mañana de Neuquén afirmó que desde entonces trabaja con las “piezas de un rompecabezas”.
“Nosotros la buscamos viva porque es la hipótesis principal”, resaltó la fiscal. Según indicó en la entrevista, el trabajo minucioso de la fiscalía permitió identificar 16 líneas de investigación activas. Una posible red de trata detrás de la desaparición de Luciana sigue siendo la más firme, pero no descartan todavía otras alternativas.
Las dificultades y los desafíos de la investigación
Entre los principales problemas, la fiscalía federal señaló la desorganización y el faltante de pruebas en la causa provincial. El equipo tuvo que crear un sistema de clasificación propio y trabajar con evidencia incompleta, lo que demoró la reconstrucción del caso.
En total, se contabilizaron 165 testimonios y se entrevistó a todo el entorno de la joven desaparecida, aunque la falta de testigos directos y la vulnerabilidad de algunos declarantes —muchos atravesados por consumos problemáticos— dificultaron la obtención de información precisa.
De hecho, uno de los puntos que más preocupa a los investigadores es que aún no se pudo establecer el denominado “punto cero” de la desaparición: el último lugar y momento en que Luciana fue vista con certeza.
Esa ausencia de una referencia concreta condiciona cada avance y obliga a revisar nuevamente datos que deberían haber sido esclarecidos desde el inicio.
El rol de la familia y el reclamo por respuestas
En este escenario, la familia de Luciana mantiene intacto su reclamo. A dos años de la desaparición, sus allegados siguen movilizándose para exigir respuestas y mantener vigente una búsqueda que, aseguran, no puede quedar atrapada entre expedientes y burocracia judicial.
La investigación también cuenta con el respaldo de una recompensa millonaria para quienes aporten información relevante.
La apuesta de los investigadores es clara: cada dato, por mínimo que parezca, puede convertirse en la pieza que falta para reconstruir los movimientos de Luciana y acercarse a la verdad.

































