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El impacto económico de la sequía genera pérdidas en trigo, maíz y soja por US$10.425 millones

La sequía representa US$ 10.400 millones para los productores de soja, trigo y maíz. Es un 2,2% del Producto Bruto Interno (PBI) según estimó la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), que además alertó que los números del productor pueden empeorar si continua y se agrava el déficit de lluvias.

El ajuste de 24 millones de toneladas en exportaciones provoca que la proyección del ingreso neto de dólares por exportaciones de poroto, harina y aceite de soja más trigo y maíz implica una pérdida neta de ingreso de dólares al país por US$ 7.978 millones, que equivale al 18% del ingreso total de divisas del agro en la anterior campaña 2021/22. La masa tributaria habría perdido a la fecha US$3554 millones como consecuencia del impacto de la sequía sobre los cultivos de trigo, soja y maíz.

La pérdida de ingresos netos del sector productor es la diferencia entre el margen neto del productor que éste estimaba al momento de la siembra, con un rinde promedio en condiciones climáticas normales, y el que se prevé a la fecha, como consecuencia de la sequía, explicaron desde la bolsa rosarina. En el análisis se tiene en cuenta tanto la pérdida de rendimientos como las hectáreas que se sembraron y que no podrán ser cosechadas, y las que incluso no pudieron sembrarse por falta de humedad.

Pérdidas históricas: El estrés hídrico en Argentina ha dado sostén a los precios internacionales de los commodities agrícolas, esta suba no resulta suficiente para compensar la menor producción y los costos del sector productor.
Pérdidas históricas: El estrés hídrico en Argentina ha dado sostén a los precios internacionales de los commodities agrícolas, esta suba no resulta suficiente para compensar la menor producción y los costos del sector productor.

La exportación estimada de los principales productos de los complejos trigo, soja y maíz caerá en aproximadamente 24 millones de toneladas.

Tomando las exportaciones netas (es decir, deduciendo el pago de importaciones temporarias de soja, que se hacen con el fin de procesarse en Argentina y exportar los subproductos con mayor valor agregado) previstas al momento de la siembra, respecto a las que se proyectan hoy con los precios vigentes, se estima que dejarán de ingresar al país cerca de US$8000 millones, una caída del 18% respecto al ingreso total de dólares del agro estimado para la campaña 2021/22.

Si bien esta cifra resulta atenuada por la mejora en los precios internacionales a raíz de la caída en el volumen de oferta por la sequía, este efecto precio resulta insuficiente para compensar la caída en la cantidad a exportar.

Impacto en la recaudación fiscal

Con las pérdidas millonarias del sector productor, se recorta también la estimación de recaudación fiscal. Sólo en concepto de derechos de exportación, el Estado dejará de percibir US$1050 millones en concepto de ventas externas de los complejos trigo, soja y maíz, a los que se le suma la pérdida de recaudación de otros US$2.500 millones en concepto de menores impuestos a las ganancias y demás tasas y contribuciones.

Los tres cuadros desarrollados por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) grafican la critica situación de los productores de soja, maíz y trigo.
Los tres cuadros desarrollados por la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) grafican la critica situación de los productores de soja, maíz y trigo.

El rinde de la soja ya perdió en promedio un 25% respecto al potencial con el que se hacían cuentas al momento de plantear las siembras 2022/23 y el maíz un 40% para las variedades tempranas, a cosecharse a partir de marzo, y un 18% para el que se cosechará a partir de julio de este año.

Pérdidas netas del sector productor por US$ 10.425 millones

Desde la BCR explicaron que sólo computando los cultivos de trigo, soja y maíz, la pérdida de rentabilidad esperada al momento de definir las siembras es de US$10.425 millones, con los resultados a los que se enfrenta hoy el productor de trigo, soja y maíz, dejando fuera por tanto el resto de los cultivos, como así también las actividades ganaderas.

Desglosando este resultado, si bien el precio en MATBA-ROFEX de la soja a cosecha (mayo 2023) aumentó un 9% entre septiembre del año pasado y enero de 2023, y el maíz subió un 13% en el mismo lapso, el precio del trigo entre mayo (al definirse las siembras) y enero, ya completada la cosecha, cayó un 2%.

En trigo, con la producción definida, la pérdida de quintales respecto a la expectativa a la siembra alcanzó el 63%.

Con estos números, el ingreso bruto total esperado por hectárea sembrada ha perdido un 30% en el caso de la soja, un 10% en el caso del maíz, y un 63% para el trigo, ponderando en los primeros dos casos por la cantidad de hectáreas sembradas de variedades tempranas y tardías, respectivamente.

Cómo impactó en el dueño de campo

El productor propietario de la tierra en términos netos (respecto de los márgenes que esperaba al momento de la siembra) ha perdido US$282 por cada hectárea que sembró con soja de primera, y US$110 por cada hectárea que sembró con soja de segunda. En el caso del maíz la pérdida asciende a US$323 por hectárea que implantó con maíz temprano, y US$33 por hectárea sembrada con maíz tardío; y en el caso del trigo, US$489 por cada hectárea cosechada.

Situación de los arrendatarios

En el caso del productor rentista, las pérdidas respecto a lo esperado al inicio de la campaña son aún más dramáticas: US$452 por hectárea de soja temprana y US$191 en el caso de la soja que sigue a un trigo u otro cultivo de invierno. En maíz, la caída del margen neto asciende a US$457 por cada hectárea destinada al grano de la variedad temprana y US$156 por cada hectárea que sembró con maíz tardío. Y en trigo, la pérdida asciende a US$566 por cada hectárea que alquiló para producir. Para el productor, sea propietario o rentista, los lotes que destinó a trigo o a variedades de primera o temprana tanto de soja como de maíz le acarrearán un margen neto negativo en el ciclo en curso; es decir, los ingresos no alcanzarán para cubrir sus costos.

Más allá del menor rinde con el que deberán costearse los insumos, impuestos y servicios para cada hectárea cosechada, debe considerarse el costo de implantación en las hectáreas que se sembraron, pero que no serán trilladas como consecuencia de la pérdida total de plantas. Según estimaciones de GEA/BCR ello asciende a 504.000 hectáreas en el caso de la soja y 900.000 en trigo. Para el maíz, del total de hectáreas que se estiman estadísticamente que no serán cosechadas, se computan solamente 315.000 has. sembradas perdidas (asumiendo que el resto puede reutilizarse para picado, silaje y otros). Sobre esta superficie se imputan como pérdidas el 70% del costo en insumos más siembra y pulverización en soja, y el 80% de los mismos en trigo y maíz (asumiendo que al no trillarse el resto de las erogaciones no se harán efectivas).

El menor ingreso del sector productivo a causa de la pérdida de producción impacta en menos viajes de fletes, menos servicios financieros y de intermediación y menos demanda al sector constructor. Menos inversión y consumo que terminan impactando sobre la actividad económica general.
El menor ingreso del sector productivo a causa de la pérdida de producción impacta en menos viajes de fletes, menos servicios financieros y de intermediación y menos demanda al sector constructor. Menos inversión y consumo que terminan impactando sobre la actividad económica general.

Menos actividad económica en todo el país

El informe también señala que como consecuencia de la menor producción habrá menos actividad económica para viajes de fletes, menos servicios financieros y de intermediación y menos demanda al sector constructor. En definitiva, menos inversión y consumo que terminan impactando sobre la actividad económica general.

Entre los impactos económicos negativos por las pérdidas de ingreso del sector productor se están computando los directos, indirectos e inducidos, como por ejemplo:

  • Incremento en los costos forrajeros para las cadenas de ganados y carnes.
  • Menor actividad en el transporte.
  • Menor consumo de Gas-Oil en el transporte automotor de cargas.
  • Probables menores ventas de insumos en las próximas campañas.
  • Menores ingresos en el sector de prestadores de servicios de almacenaje y acondicionamiento.
  • Menores ingresos brutos de los contratistas rurales al levantar la cosecha por caídas en los rindes.
  • Menor actividad en el complejo industrial oleaginoso.
  • Menores ingresos para los prestadores de servicios asociados a la mercadería exportada.
  • Caída en los ingresos percibidos por los prestadores de servicios portuarios y/o sobre las embarcaciones.
  • Problemas en el cumplimiento de los contratos de arrendamiento de campos.
  • Problemas en el cumplimiento de los pagos del sistema financiero y problemas para refinanciación de deudas. Necesidad de contar con un mayor apalancamiento financiero en la próxima campaña.
  • Posible afectación en la calidad de la semilla para la próxima campaña.
  • Posible afectación de la calidad comercial de soja para exportación.
  • Efectos macroeconómicos diversos.
La masa tributaria que se estima que se perderá a la fecha es de  US$ 3.554 millones como consecuencia del impacto de la sequía sobre los cultivos de trigo, soja y maíz.
La masa tributaria que se estima que se perderá a la fecha es de US$ 3.554 millones como consecuencia del impacto de la sequía sobre los cultivos de trigo, soja y maíz.

La recaudación de impuestos imputables a la producción de soja caerá un US$1360 millones, más otros US$ 352 millones imputables al menor valor de la producción de maíz US$795 millones por la caída en la siembra y rendimiento del trigo.

Los impuestos al comercio exterior, si se computa de las exportaciones estimadas totales para la campaña lo que aún resta vender al exterior (es decir, restando las ventas ya efectivizadas según surge del registro de Declaraciones Juradas de Venta al Exterior) y se estima su distribución mensual en base a indicadores estacionales, al valorizarlas por el FOB vigente para cada período se proyecta que por el complejo soja dejarán de recaudarse US$1048 millones en concepto de derechos de exportación, de los cuales el 68% corresponde a caída en el valor de las exportaciones del complejo soja (incluyendo poroto, harina y aceite), el 18% corresponde a pérdidas de exportaciones de maíz, y el 13% restante a trigo.

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