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Ni india ni indonesia: Mata Hari, la espía sexy y torpe que amó demasiado

Su nombre real era Margarita Gertrudis Zelle y había nacido en Países Bajos. Fue una de las primeras mujeres en realizar espectáculos de strip-tease con desnudo total. Su hija, Banda, también se dedicó al espionaje, pero ella lo hizo con éxito y fue clave en la guerra de Corea.

Amaba demasiado, tanto que perdió la cabeza, aunque, como ella confesaría, fue sin felicidad. Margarita Gertrudis Zelle no había nacido ni en la India ni en Java, como quería hacer creer, sino en Leeuwarden, Países Bajos, el 7 de agosto de 1876. Era hija del sombrerero Adam Zelle, apodado “Barón” por sus delirios de grandeza, y de Antje van der Meulen. La familia se había mudado a Amsterdam cuando, poco después, sus padres se divorciaron y en 1891 su mamá murió. El sobrerero se volvió a casar con Susanna Catharina ten Hoove.

Margarita era una adolescente de 16 años que estudiaba para maestra cuando un profesor se enamoró perdidamente de ella. El escándalo fue enorme, en la propia clase, en el colegio. Margarita decidió irse de la escuela y abandonar a su familia que le echaba la culpa y le atribuía, según ella falsamente, haber coqueteado con ese profesor. Indignada los mandó al diablo. Su padre estaba apesadumbrado por dos motivos, la ida de su hija y los malos negocios que lo llevaron a la bancarrota. Margarita se fue a vivir a La Haya. Le faltaban unos meses para cumplir los dieciocho años.

Casamiento, maternidad y cambio de nombre

En 1895, respondió un anuncio de solicitud de esposa (habitual en esa época) publicado por Rudolf “John” MacLeod, un oficial del ejército holandés. Se casaron luego de cuatro meses de noviazgo, ese mismo año. Ella tenía 19 y él, 39. También en 1895 nació su hijo, Norman. El matrimonio fue un fracaso. Rudolf resultó ser un esposo intolerante, bebedor, mujeriego y derrochador. Además padecía sífilis, consecuencia directa de sus frecuentes visitas a los burdeles. El ejército, que lo conocía perfectamente, quiso sacárselo de encima y lo destinó a las colonias holandesas en Indonesia. La joven esposa, que, como confesaría, jamás tuvo vocación de ama de casa, buscó consuelo fuera del hogar, tanto en Holanda como en Indonesia.

Mata Hari o Margarite Zelle con su esposo, Rudolf MacLeod.
Mata Hari o Margarite Zelle con su esposo, Rudolf MacLeod.

El 2 de mayo de 1898 nació su hija, Luisa Juana MacLeod. En Java, Margarita tomó contacto directo con la cultura indonesia y quedó maravillada. En medio de peleas conyugales, en 1899 murió su hijo Norman. Hay distintas versiones sobre lo ocurrido: que una peste desatada en Indochina acabó con su vida, que la familia fue envenenada y a duras penas Luisa Juana pudo salvarse, y hasta que el chico murió a causa de la sífilis transmitida por sus padres.

La vida de la pareja era un tormento. En 1902, volvieron a Amsterdam, el militar fue vencido por el alcoholismo y la pareja se divorció y Margarita obtuvo sin problemas la tenencia de Luisa Juana. Quiso comenzar una carrera artística y se dedicó a la actuación con el nombre de Lady Gresha, pero no tuvo suerte. Estaba muy deprimida porque los empresarios teatrales le señalaban siempre la misma carencia, es decir que no tenía formación dramática y sin ello era imposible no sólo que triunfara en las tablas sino que la contrataran siquiera. No podía conseguir un trabajo estable para mantener a su hija, a quien adoraba, y, para colmo, MacLeod nunca pagó nada para la subsistencia de Luisa Juana. Margarita tuvo que dejar a su hija en manos de los familiares de su marido, aunque luego terminaría bajo la custodia de su tía Rosa, la hermana de Margarita. Con gran pesar, ella decidió irse a Francia. La decisión fue muy dura, como revelan cartas escritas en la época. Más adelante, incluso, consideraría la posibilidad de suicidarse tras perder “a mi pequeña, mi casa, mi confort”. A la chiquita, le cambiaron el nombre por el de Banda.

Antes de marcharse a París, se enfrentó por última vez con su exmarido solamente para decirle que Luisa Juana o Banda no era su hija sino que el verdadero padre era un indígena de Bali llamado Ahmed Sulawesi.

Rudolf Mc Leod con su hijo, Norman.
Rudolf Mc Leod con su hijo, Norman.

El nacimiento de Mata Hari

Una vez en París, intentó ganarse la vida de forma respetable dando lecciones de piano y alemán, ofreciéndose como dama de compañía… Pero resultó más fructífero su trabajo como modelo para artistas, que le proporcionó contactos en el mundo de la farándula. Se hizo famosa en los salones de París interpretando sagradas danzas indias y ella misma empezó a decir que era hija de Brahmán, un sacerdote budista. Ocultó su nombre verdadero y también el que había elegido para su carrera como actriz y se hizo llamar “Mata Hari” (ojo del día u ojo del alba en javanés). Viajó por toda Europa relatando su historia en la India, desde su (falso) nacimiento en un templo hindú.

Mata Hari era dueña de una sensualidad sin igual.
Mata Hari era dueña de una sensualidad sin igual.

Según testigos de la época, su cuerpo no era agraciado; la nariz excesiva y los senos demasiado caídos la privaban de mayor encanto. Tampoco era una gran bailarina, pero cuando aparecía en escena todo era distinto y el público masculino atendía a algo mucho más pedestre, su cuerpo desnudo. Aparecía con unos velos, muy pocos, haciendo algunos movimientos que pretendían imitar la plasticidad y armonía de las verdaderas bailarinas orientales, hasta que los largos pañuelos y tules caían y su desnudez atrapaba a la platea. Fue de las primeras en realizar espectáculos de “strip-tease”. Todo en ella exudaba erotismo; sus actitudes, sus ademanes, y asimismo su vida privada, hecha pronto pública, convirtiéndola en la mujer «sexy» por excelencia de aquel principio de siglo.

Tuvo numerosos amantes. Se ha dicho que enamoró al mayor Arnold Van Kalle, jefe militar alemán, a Adolphe Pierre Messimy, ministro de guerra francés, a Alred Kiepert, un latifundista alemán, al compositor Giacomo Puccini, al Barón Henri de Rothschild que le dio varias pulseras de rubies y diamantes, y a Tadea Mirszlac, la gitana amante del emperador Francisco José I de Austria y de su hijo Rodolfo. En todos esos años como celebridad, recorrió Europa de punta a punta y amasó una considerable fortuna, que, por otro lado, supo despilfarrar casi completamente.

Mata Hari, una pésima espía

Cuando estalló la Primera Guerra Mundial en 1914, Mata Hari estaba en París. Evidentemente conocía a muchos hombres: políticos, militares, artistas, financieros, diplomáticos. La escasez de dinero por un lado y las ofertas de espionaje por otro, la convirtieron rápidamente en una informadora secreta. Todo cuanto oía de labios de personajes encumbrados lo transmitía a Berlín, cuyo servicio de espionaje le habían ofrecido las sumas más elevadas. Casi al mismo tiempo, el Deuxiéme Bureau o agencia de inteligencia militar francesa y la oficina de espionaje británico ya tenían sospechas sobre las actividades ocultas de Mata Hari, lo cual no era un descubrimiento que hubiera demandado un gran esfuerzo.

Mata Hari terminaba sus shows sin ropa y eso la hacía de avanzada para su época.
Mata Hari terminaba sus shows sin ropa y eso la hacía de avanzada para su época.

Margarita era una pésima espía. Obtenía información de forma aparatosa, como una mala actriz puesta a representar el papel de espía. No era Greta Garbo (que la interpretaría en el cine más de una década después) en ningún aspecto, ni por su belleza ni por su actuación. Todos se daban cuenta (y acaso ella también) lo llamativa que era para obtener un secreto. Hasta ponía pose de espía, y, obviamente, desde el principio los franceses e ingleses la vigilaron.

Mata Hari parecía hallar cierta morbosa complacencia en el peligro. Lo buscaba y rehuía, alternativamente, con un misterio tan premeditado o calculado que si no fuese por su triste final hasta causaría gracia. Era una espía de salón y su misterio un secreto a voces.

Los espías franceses le tendieron una trampa. En 1916, Mata Hari se trasladó a España. El periodista, político y escritor catalán, Emilio Junoy, la conoció y le propuso visitar Barcelona. Ella le dijo que no podía hacerlo y volvió a París. El 13 de febrero de 1917 fue detenida y acusada de espionaje a favor de Alemania. Como prueba figuraba un telegrama que le enviaron los alemanes a Madrid y una serie de testigos. Cuando la arrestaron pidió que le concedieran tiempo para asearse, y llegó a mostrarse desnuda ante los oficiales encargados de la detención, a quienes ofreció bombones colocados en un casco prusiano que un general alemán le había regalado años atrás.

Mata Hari, el dìa de su arresto
Mata Hari, el dìa de su arresto

Según los historiadores, Mata Hari dio datos irrelevantes y que, además, conocía todo el mundo, como el desembarco nocturno de algunos oficiales del Kaiser en Marruecos, o el movimiento de tropas francesas que ya habían aparecido publicados en los propios diarios de París. Mata Hari no era espía ni puso en conocimiento de los alemanes ningún secreto militar importante; quizá ella se creía espía, pero no lo era en realidad porque su doble juego era conocido por ambas partes. No era espía más allá de lo que ella creyera, pero la trataron como si lo fuera.

Mata Hari, el chivo expiatorio

Cuando la encerraron en Saint-Lazare, su entereza se derrumbó pues se dio cuenta que no se trataba de un juego ni de una actuación sino que podían condenarla a muerte. En julio comenzó el juicio. Mata Hari tenía especial interés en maquillarse y mostrarse con un lindo vestido. La defensa del prestigioso abogado Eduard Clunet fue muy torpe para contrarrestar una acusación basada en un telegrama que no contenía información militar. Pero para este juicio lo menos importante era las pruebas. Los alemanes habían fusilado a la enfermera inglesa Edith Louise Cavell, que ayudó a doscientos soldados aliados a escapar de Bélgica pero fue capturada por los alemanes. Cavell fue condenada a muerte, a pesar de la presión internacional para conmutar esa pena y fue fusilada en 1915. Los ingleses pretendían que sus aliados franceses hicieran lo mismo con Mata Hari, que a diferencia de Cavell, provocaba un rechazo moral inconsciente por su estilo de vida. Además, a Francia le venía bien una demostración de esta naturaleza porque el frente de batalla estaba estancado desde hacía tiempo a pesar de las promesas de una rápida victoria. Mata Hari era un excelente chivo expiatorio.

Mata Hari el dìa de su arresto.
Mata Hari el dìa de su arresto.

La exótica bailarina que se decía de origen hindú recibió la condena de muerte, que pronunciaron con esta palabra: “¡Muerte!”. Al terminar la lectura de la sentencia, le preguntaron si tenía algo que decir. Sin quebrarse pero aún sorprendida por el veredicto, expresó: “Nada. Saben toda la verdad. No soy francesa. Tenía derecho a tener amigos en otros países. Pero seguí siendo neutral. Me atengo al buen corazón de los oficiales franceses”. Apelaba a sus amigos en el alto mando, pero no le dio resultado.

Su abogado defensor, Clunet, un antiguo cliente suyo, se desesperó. Quería salvar a cualquier costo a esa mujer de la que se hallaba apasionadamente atraído a sus 75 años, y trató de convencerla de decir que estaba embarazada. Una mentira para ganar tiempo y efectuar planteos de nulidad o revisión de un juicio basado en una acusación muy floja. Sin embargo, Mata Hari no aceptó la estrategia y rechazó efectuar tal declaración.

El 15 de octubre de 1917 Mata Hari, de 41 años, fue trasladada al castillo de Vincennes y aquel mismo dia, por la madrugada, fue puesta ante un piquete de ejecución. Ella, frente al pelotón de fusilamiento, no quiso venda ni atadura. Lanzó un beso de despedida a los militares: los doce soldados acertaron cuatro disparos, uno en el corazón.

El cuerpo de la que fuere una de las mujeres más sexy y famosa de la época yació sobre el barro. Tras su muerte, ningún familiar reclamó su cadáver. Su cuerpo se empleó en la facultad de medicina para el aprendizaje de anatomía. Su cabeza fue amputada y enviada al Museo de Anatomía de París, pero años después fue robada, se dijo, por un admirador.

Mata Hari frente al pelotòn de fusilamiento.
Mata Hari frente al pelotòn de fusilamiento.

Banda, la hija de Mata Hari

Su hija, Luisa Juana o Banda, no hablaba de sus padres. Muy pocos sabían que era hija de Mata Hari. Era menuda, simpática, suave y bondadosa. Le gustaba la filosofía y la literatura. Cuando la chica cumplió 19 años, a fines de 1917, recibió una carta de su madre. La había escrito antes de ser fusilada.

«Querida hija: Hay muchas cosas que me gustaría contarte y, sin embargo, puedo decirte muy poco. El tiempo se termina. Son las cuatro de la mañana y dentro de una hora, aproximadamente, estaré entre los muertos, sin tener siquiera una oportunidad para verte otra vez. Cuando te dejé eras una niña. Creeéme: no hice nada malo, pero la guerra tiene sus propias leyes brutales. No creo que tengan compasión de mí; esta vez no me pueden ayudar los amigos políticos.

He vivido bien e intensamente, quizá sin felicidad. Sabemos muy poco la una de la otra… Pero la tía Rosa me enviaba siempre tus notas de la escuela y me decía qué muchacha tan bella y buena sos. Tengo tus fotografías. Yo era joven cuando fui a Java y a Bali, demasiado joven para saber… Estaba enamorada de tu padre, quien al principio era un hombre muy bueno, pero al que convirtieron en otra persona los trópicos y la bebida. Un día intentó matarme. Fue entonces cuando lo dejé. Ahora van a matarme otros. Sé que no debería haberte abandonado nunca, pero quizá te espera una vida mejor. Tú eras todo lo que yo tenía y no me preocupé de vos. ¿Querrás rezar por mí, como mujer que pretendió hacer lo acertado? La vida y las circunstancias fueron más fuertes que yo. Adiós, hija mía. Que encuentres la felicidad en la vida y que la encuentres sin odiarme.

Tu madre,

Gertrude Marguerlte Zelle-Macleod.»

Greta Garbo en la película "Mata Hari" de 1931.
Greta Garbo en la película “Mata Hari” de 1931.

Como si la historia se repitiera, a Bada le ocurrió lo mismo que a su mamá, es decir su maestro se enamoró de ella. A los 17 años, había ingresado en la Escuela de Magisterio, pues deseaba ser profesora, y cuando concluyó, a los 20, su profesor, Willem Van Deeren, que contaba 58 años, la pidió en matrimonio. Ella lo rechazó pero después, Willem enfermó gravemente y renovó el pedido de casamiento. Ella, por lástima, aceptó. Una vez muerto el profesor, le dejó un apellido y una fortuna. En 1935, pasó ella a dirigir un instituto, en Batavia, la que era capital de las Indias Orientales Holandesas.

En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, el archipiélago fue ocupado por los japoneses. Por entonces Banda conoció a Abdul Sindrajoro, un activo e impetuoso miembro del Movimiento por la Independencia. Banda, diez años mayor, se enamoró de él. Fue una relación afectuosa, dulce y al mismo tiempo tormentosa, arrolladora. Banda tenía 44 años. Adoptó tan fuertemente las convicciones de su pareja que acaso por ellas perdería la vida. El desenlace para esta mujer vino por el lado menos pensado. Un tío de Banda le tendió la trampa. Le presentó al cónsul japonés Yakimoto, que quería conocerla porque sabía que era la hija de Mata Hari.

A Banda le repugnaba el ambiente diplomático y las miradas cómplices, los secretos, las medias palabras de los salones donde se reunían políticos y embajadores. Banda no era su madre, en absoluto. Sin embargo, para ayudar de algún modo a Abdul, cada vez más comprometido con su causa, aceptó comportarse amistosamente con Yakimoto, que era en realidad el jefe del servicio secreto japonés en Java. Ella creía que este acercamiento con el japonés no duraría mucho pero de a poco se fue convirtiendo, sin darse cuenta, en un agente secreto: por un lado simpatizaba con el invasor y sacaba información secreta que entregaba a su prometido. Incluso, gracias a su aporte, el Movimiento independiente pudo neutralizar a varios dobles espías.

Banda, una profesional del espionaje

Ya casi sobre el final de la Segunda Guerra Mundial, Banda creyó más cercana la posibilidad de cumplir su deseo de casarse con Abdul. Todo estaba preparado. Por entonces Abdul, nombrado coronel, participó de una refriega provocada por un grupo de rebeldes comunistas y lo mataron en una emboscada. Banda enloqueció cuando le dieron la noticia. Nadie pudo consolarla. Al tiempo, se convirtió en otra persona, reconcentrada y resentida. En lugar de olvidarse de su intervención como espía con los japoneses, decidió hacerse una profesional del espionaje.

Acaso la única fotografía de la hija de Mata Hari, Luisa Juana MacLoad o Banda van Deeren.
Acaso la única fotografía de la hija de Mata Hari, Luisa Juana MacLoad o Banda van Deeren.

Se ofreció a los británicos como espía pero la rechazaron, y luego a los franceses, los cuales la aceptaron. El objetivo de Banda era combatir a los comunistas, responsables de la muerte de Abdul, y vengar su muerte. Su odio hacia ellos era enfermizo. Durante dos años trabajó en Saigón. Se metía en la jungla, buscaba las madrigueras de los comunistas fingiendo luchar a su favor, y cuando había desenmascarado a sus jefes y la posición de sus fuerzas, lo comunicaba a los franceses. Esta maniobra la hizo infinidad de veces. Banda era mucho más hábil e inteligente que su madre.

De golpe resolvió dejar de colaborar con los franceses y ofreció sus servicios a los estadounidenses. A partir de 1949, se presentó en Shangai como Guillermina Van Deeren, exmaestra y misionera que acompañaba a una expedición de la Cruz Roja.

Según el historiador británico Edward Henry Cookridge: “Fue Banda quien primero informó que los comunistas chinos aprovisionaban de armas y hombres a los rebeldes del Vietminh”. El Vietminh era un movimiento político, luego constituído en un ejército, que combatía la ocupación japonesa y que luego buscó la independencia de la dominación francesa. Había sido creado en 1941 por el político vietnamita Ho Chi Min. Banda reveló que generales soviéticos dirigían la estrategia del Vietminh.

Ella seguía el desarrollo de las relaciones entre Corea del Norte y Corea del Sur. Cinco años después de terminada la Segunda Guerra Mundial, la Unión Soviética y los Estados Unidos dividieron Corea trazando la frontera en el paralelo 38. Con antecedentes de escaramuzas en el límite, los mismos generales soviéticos que colaboraron con el Vietminh tuvieron participación en la invasión comunista de Corea del Sur el 25 de junio de 1950.

Banda fue la primera en avisar a los norteamericanos de la agresión a Corea. Desde Corea del Norte, les informó a los estadounidenses, varias semanas antes, que los norcoreanos cruzarían el paralelo 38 con unos 60.000 soldados y una vanguardia de cien tanques rusos. Con estos datos, los Estados Unidos rechazaron la invasión y comenzó una guerra que duraría tres años, la llamada “guerra de Corea”.

Para 1950, Banda estaba ya muy enferma y debía atenderse de dolencias neurológicas. El hambre, el miedo, el sufrimiento y el odio jamás satisfecho por la muerte de su pareja la habían acabado. “Ellos (por los comunistas) mataron a Abdul”, repetía como enloquecida. Pero en lugar de abandonar el espionaje y cuidar su salud, aceptó otra misión en Corea del Norte.

Ya terminaba 1950 cuando Banda estaba en Maengsong, Corea de! Norte. Un viejo enemigo comunista de Java la identificó. El tipo le ofreció trabajar para los norcoreanos. Era el 23 de diciembre. Estaban en un camión detenido en una carretera llena de barro porque había llovido durante varios días. El hombre le presentó a Banda una opción de hierro: “Si no aceptás pasarte de nuestro lado, te mato aquí mismo”. Ella no le respondió. Lo miró con desprecio. El viejo le ordenó que bajara del camión. Banda obedeció y cayó sobre el fango. “Adiós, Banda”, murmuró él. Una ráfaga de balas la hizo rebotar contra el barro. Delgada y chiquita, parecía un muñeco desarticulado. La enterraron cerca del lugar.

Su madre, luego de tres años de un torpe espionaje, fue fusilada en las proximidades de París con toda pompa, vestida con traje de seda oscuro, sombrero de fieltro negro y guantes de cabritilla; la acompañaron al castillo de Vincennes, lugar de la ejecución, su abogado y su sacerdote. Antes de morir, saludó con un gesto a los soldados. Tenía 41 años y moría sin odio. Banda o Juana Luisa, su hija, fue asesinada sin juicio luego de cinco años de espionaje eficaz. Tenía 52 años y murió sin descendencia y con odio a los que mataron al único amor de su vida.

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