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Si Alberto Fernández se cansa y se va, ¿mejorararían las chances electorales de Cristina Kirchner?

La lógica de la vicepresidenta mostrando cada vez más su protagonismo y -parafraseando al Papa Francisco- “haciendo lío”, se entiende si se miran en espejo los movimientos del expresidente Mauricio Macri.

Marcelo Bonelli y Edgardo Alfano calificaron esta semana en A Dos Voces la pelea entre el presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner como el “nuevo dúo Pimpinela”, evocando el show musical que hacían los hermanos Lucía y Joaquín Galán en los 90 y que siempre se recuerda cuando una pareja se pelea en público y hace el ridículo.

Solo que esta vez los nuevos Pimpinela se están peleando en la cubierta del “Titanic”: la Argentina entra en su peor crisis económica desde la debacle de 2001 y 2002, la pobreza se estanca en 40 por ciento, los supermercados se desabastecen y la opinión pública entró en estado de virtual depresión colectiva.

Qué dicen las encuestas

Las encuestas están mostrando una desaprobación de gestión que ronda el 70 por ciento y un peronismo que hoy ya no llega al 30 por ciento de intención de voto: estaría perdiendo entre seis y ocho puntos porcentuales desde las legislativas del año pasado y más de 20 puntos contra la elección presidencial de 2019: números que preanuncian una verdadera hecatombe electoral.

Si Alberto Fernández se cansa y se va, ¿mejorararían las chances electorales de Cristina Kirchner?

¿Cuál es la estrategia de la vicepresidenta y “mujer fuerte” del peronismo? La semana pasada mandó a Andrés “el Cuervo” Larroque -número dos de La Cámpora- a atacar al ministro de Economía, Martín Guzmán: quedó claro que el alejamiento del cristianismo de su propio gobierno no es temporal.

Y como eso no le alcanzó, “el Cuervo” directamente dijo que “el gobierno es nuestro”, ya descalificando al presidente y reclamando algo así como que Alberto Fernández tendría que “devolvérselo” a la jefa del peronismo.

Pero ahora es la propia Cristina Kirchner en persona la que se suma directamente al “bullying” contra Fernández avisando que lo considera “ilegítimo”.

Esta estrategia de tirarle misiles cada vez más destructivos al capitán del Titanic mientras el barco se está hundiendo para generar un relato de que ella no tiene nada que ver y “despegarse” de su notorio fracaso económico podría llegar a funcionarle a Cristina Kirchner como mucho por un rato, pero siempre y cuando sucedan varias cosas bastante improbables:

  • Que la economía ande mal pero no estalle
  • Que Alberto Fernández haga de cuenta que le hace caso
  • Que el Presidente no se harte de jugar al dúo Pimpinela y ver derrumbarse su aprobación de gestión día a día hasta límites insostenibles.
El duro tuit de la vicepresidenta Cristina Kirchner que agitó la feroz interna en el Gobierno (Foto: captura @CFKArgentina).
El duro tuit de la vicepresidenta Cristina Kirchner que agitó la feroz interna en el Gobierno (Foto: captura @CFKArgentina).

¿Y si Alberto Fernández se harta y renuncia?

Cristina Kirchner estaría en pleno derecho de asumir la sucesión presidencial y tomar el timón. ¿Tomar el timón de un Titanic que ya está escorado y se hunde irremediablemente y sin suficientes botes salvavidas?

En ese escenario, la única opción que tendría la vicepresidenta de ganar con la destitución de Alberto Fernández sería enderezar la economía. Luce muy improbable: su única opción para el ministerio de Economía es el hoy gobernador bonaerense Axel Kicillof o su discípulo, el ministro de Industria bonaerense, Augusto Costa.

Con Kicillof, el peronismo ya perdió en 2015 con Daniel Scioli cayendo ante Mauricio Macri. ¿Por qué podría ser distinto ahora? Si el “relato” que instala la vicepresidenta es que Fernández y Guzmán no debían haber acordado con el FMI estirar la deuda, y la solución era un default, es improbable que mejore algo la situación económica de su electorado en el conurbano profundo con un Kicillof desconociendo el acuerdo con el FMI o incumpliendo las metas pautadas hasta romper lo acordado.

¿No es mejor “negocio” marcar el desacuerdo pero no agarrar el timón del Titanic cuando ya se está hundiendo y quedar pegada como culpable?

¿Cómo la juzgaría la opinión pública? Arrancaría su gestión como “golpista”. Y su propio electorado fiel del conurbano, que en 2019 llegaba al 35 por ciento y hoy, con suerte, a 25 a nivel nacional, ¿la aclamaría si su situación económica sigue empeorando?

Sergio Massa trató de mediar entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández, que no se hablan y están enfrentados (Foto: AFP - Juan Mabromata).
Sergio Massa trató de mediar entre Cristina Kirchner y Alberto Fernández, que no se hablan y están enfrentados (Foto: AFP – Juan Mabromata).

¿Será consciente la vicepresidenta de que la economía no se derrumba más y el dólar “blue” parece más calmado solamente porque los mercados esperan para 2023 un cambio de signo político en la Casa Rosada? ¿No sería mejor no hacer más olas y llegar -renga y a los tumbos- pero llegar?

Ahora supongamos por un momento que la vicepresidenta no asume el riesgo de quedar “pegada” como culpable directa de una debacle económica final. Ella renuncia y le cede el lugar al presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa, que hoy se lleva muy bien con su hijo, Máximo, para que termine los 20 meses que quedan de mandato.

¿Massa, un peronista con muchos más viajes a Washington que a La Habana en su haber y una enorme ambición política, aceptaría asumir la catástrofe de protagonizar un default con el FMI por incumplir el acuerdo que firmó Guzmán con aval del Congreso que él mismo lideró?

Parecería que la estrategia no cierra

La lógica de la vicepresidenta mostrando cada vez más su protagonismo y -parafraseando al Papa Francisco- “haciendo lío”, se entiende si se miran en espejo los movimientos del expresidente Mauricio Macri.

El líder opositor ya dio suficientes señales de que quiere ser candidato, probablemente en una PASO de Juntos por el Cambio, para buscar su “Segundo Tiempo”. Tiene todas las posibilidades de ganar esa primaria, porque Macri cuenta con una base que supera la mitad del electorado del PRO. Macri -electoralmente- es la Cristina Kirchner de la oposición: gana cualquier interna, pero después tiene que vencer el rechazo mayoritario del electorado.

Podría ser el sueño dorado de la hoy vicepresidenta: el expresidente es el único líder opositor que tiene más de 50 por ciento de imagen negativa (como ella), y llegar a un balotaje con él sería hoy una moneda en el aire.

Cristina Kirchner y Mauricio Macri en el acto de asunción de Alberto Fernández. (Foto: REUTERS)
Cristina Kirchner y Mauricio Macri en el acto de asunción de Alberto Fernández. (Foto: REUTERS)

Aun si perdiera Cristina Kirchner -por poca diferencia, como Scioli contra Macri en 2015- podría conservar su poder como líder del peronismo e intentar obstaculizar el nuevo mandato de Mauricio Macri. El peronismo tiene mucha gimnasia en eso.

Pero ese escenario tiene un condicionamiento: Cristina tiene que llegar a la segunda vuelta.

En la última encuesta de Management & Fit, Juntos por el Cambio y el Frente de Todos están virtualmente empatados. Pero el “tercero en discordia”, los libertarios de Javier Milei, les pisa los talones apenas 4 o 5 puntos más abajo. Tendencia alcista.

¿Alcanzará la estrategia de Cristina para entrar en ese añorado balotaje con Macri? ¿No sería mejor para ella que Alberto aguante lo que falta?

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