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Opinión

La derrota histórica según Cristina Kirchner

Mientras muchos se ilusionan con un empoderamiento de Alberto Fernández post elecciones, ella sigue marcando en público y en privado los tiempos políticos. Y él sigue priorizando su lealtad y la unidad

Alberto Fernández explicaba que no había querido culpar a Cristina Kirchner por la derrota en las elecciones en el asado en Olivos posterior a la Plaza del Día del militante con los intendentes bonaerenses, cuando —como para marcar un límite— aclaró: “Eso sí, para lo que no hay más espacio es para ninguna carta pública más”. La frase fue en el medio de una conversación telefónica ayer por la tarde con uno de los tantos amigos por fuera del círculo oficial con el que el Presidente habla de política. Minutos después, y casi como remate de una escena de sitcom, CFK publicaba su nueva misiva.

Esta es de apoyo total”, se apuró a aclarar por Whatsapp el Presidente a su interlocutor reciente, al ver la risueña coincidencia temporal de sus dichos con los hechos de ella.

A simple vista sí. Esta vez no hubo reproches ni trapitos sucios expuestos al sol. Después de un largo silencio que puso más nerviosos a extraños que propios, la vicepresidenta eligió nuevamente la pluma para decir su verdad sin exponerse a repreguntas incómodas.

Cristina Kirchner dio un estratégico mensaje para afuera. Al Fondo y a los mercados les dejó claro que ella no es ni será un obstáculo. A la oposición la volvió a subir al ring y, sabiendo que el acuerdo con el FMI implicará un ajuste (aunque Martín Guzmán se esmere por dibujarlo), les exigió nuevamente “que se hagan cargo” de la deuda que dejaron.

Pero el mensaje mas sutil e interesante fue hacia adentro. Posiblemente para quienes en esa militante Plaza del Mayo de hace diez días festejaron la “victoria” junto al Presidente. Y se ilusionaron con un nuevo Alberto empoderado.

CFK hizo ayer la lectura más descarnada y visceral sobre la elección de medio término. No sólo llamó sin eufemismos a la derrota derrota, sino que la calificó de “histórica”. Para sumarle crudeza a sus dichos, lo ejemplificó con su propia pérdida de poder real: “por primera vez desde 1983 el peronismo no tendrá quórum propio en el Senado”. (Sic).

Ningún dirigente oficialista había sido hasta ayer tan categórico. Pero volvamos unos días atrás. Y volvamos a la charla inicial. Después del festejo por el Dia del Militante el miércoles posterior a la elección, el Presidente invitó a un asado en Olivos al gobernador Axel Kicillof y a un grupo de intendentes bonaerenses. Los recibió junto a Juan Manzur, Eduardo “Wado” de Pedro, Gabriel Katopodis y Julio Vitobello.

Alberto Fernández, en una fotografía de archivo (EFE)
Alberto Fernández, en una fotografía de archivo (EFE)

Si bien la idea era confraternizar, uno a uno los presentes fueron tomando la palabra y el tono empezó a elevarse. Los intendentes, con sus matices, plantearon —palabras más palabras menos— que la elección se había perdido por la inacción y lentitud del gobierno nacional para resolver los problemas de la gente. Por la desilusión del electorado propio.

Fernández se sintió incómodo y confrontado. A su turno esbozó una larga explicación que en el boca a boca posterior fue resumido como que había hecho responsable de la derrota a CFK.

La anécdota fue escalando en los corrillos políticos a tal punto que Fernández terminó dándole su versión y las explicaciones del caso a la propia Cristina.

Yo no estoy para nada de acuerdo con lo que ustedes dicen”, había empezado su larga respuesta esa noche el Presidente. “La Pandemia para la gente —siguió Fernández— fue una guerra y nosotros no percibimos eso y fuimos a las PASO publicitando las vacunas que para la gente era como decirle ’mirá cuántos fusiles compramos…’ Le pasó al mundo. Lo charlé con Macron, con Merkel. Y sobre llovido mojado, como coalición tuvimos la peor semana post electoral que podíamos haber tenido. Ahí perdimos otros diez puntos. Acá hay que entender que ya no hay mas espacio para cartitas”.

Muchas veces las visiones políticas pueden ser diferentes pero complementarias. El problema es que, a simple vista, persiste en el oficialismo la contradicción y, muchas veces, la negación.

Alberto Fernández reconoce que su gobierno es mejor y mas dinámico desde que Juan Manzur es su Jefe de Gabinete. Pero salta como leche hervida si alguien responsabiliza por la derrota a la lentitud en la ejecución del gabinete anterior liderado por Santiago Cafiero.

No hay persona que actué en política que pueda convalidar el maltrato epistolar al que sometió la vicepresidenta al Presidente en esa famosa semana post Paso. Pero la pregunta contrafáctica es: Si Cristina no lo ponía entre la espada y la pared, ¿Alberto reaccionaba o Cafierito seguía siendo aún hoy el Jefe de Gabinete? Está claro que con la carta no se ganaron votos pero con el sacudón, ¿no se logró al menos remontar unos puntos —en vez de alargar la distancia— hacia la elección general?

Alberto Fernández y Cristina Kirchner (Reuters) Alberto Fernández y Cristina Kirchner (Reuters)

Manzur llegó de Tucumán convencido de generar un alianza política entre gobernadores, sindicatos y movimientos sociales capaz de empoderar a Alberto. Desde el primer día tejió en ese sentido como si nadie lo hubiera intentado antes. Como si un líder pudiera ser parido a través de inyecciones de energía y convicción externa.

Hoy, a dos meses de gestión, Manzur está cada día mas convencido que lo que hay que empoderar y orientar es al gobierno mas que al Presidente. Y que el gobierno, desde ya, incluye a Cristina con la que habla más de lo que se publicita.

Hablar con Juancito o con alguno de sus colaboradores es un dèja vú a la década del 90. Peronista acostumbrado a tutear a los empresarios y en su caso específico (Nucete incluido) ser parte de ellos, ocupa sus días en tender puentes, operativizar la gestión y solucionar problemas.

Esta semana habló ante el Cicyp (Consejo Interamericano de Comercio y Producción) que preside —para variar— Daniel Funes de Rioja (como la UIA y la Copal) y se encargó personalmente de llevar y sentar en primera fila a “Wado” de Pedro. Estaba claro que el Jefe de Gabinete iba a ser escuchado pero la presencia del hombre de La Cámpora era indispensable para que el circulo rojo entendiera que hay un gobierno unido.

Manzur se encargó de despejar fantasmas (“el peronismo no adhiere a ninguna visión que critique o demonice a las empresas”), no se privó de tirarle lodo a la oposición macrista (“nos endeudaron a un nivel estratosférico, liquidaron mas de 20 mil empresas exportadoras”) y terminó entusiasmado anunciando que este año el país terminará exportando mas de 75 mil millones de dólares el mejor año desde 2011.

En algo no encajó para nada en el discurso K. Para Manzur la economía Argentina está estancada desde 1976. El kirchnerismo fue, según el, “un breve periodo de crecimiento”.

El Jefe de Gabinete ese día logró también que “Wado”, en charlas informales, les asegurara a los presentes que Cristina Kirchner iba a acompañar el plan plurianual y el acuerdo con el FMI. En su rol de virtual canciller de La Cámpora (es el autorizado para hablar, codearse y hasta mimetizarse con el resto de los sectores) el ministro del Interior con esa definición de alguna manera adelantó el contenido de la carta de la vicepresidenta.

Está claro que sindicalistas y empresarios encuentran en Manzur una puerta hacia el Gobierno. Habrá que ver si Manzur puede cumplir su real función que es ser una puerta del gobierno hacia los empresarios. Por lo pronto Techint está de parabienes. Ya consiguió que el jefe de Gabinete le destrabe una tarifa energética preferencial para Aluar y ahora va en camino de quedarse con la licitación de la obra más grande que se está por lanzar, la construcción del gasoducto Néstor Kirchner, que insumirá la friolera de 40 mil millones de pesos.

El ministro de Economía, Martín GuzmánEl ministro de Economía, Martín Guzmán

Está claro que primero tendrá que competir. Pero su situación monopólica local en el abastecimiento de los caños sin costura hace que su ventaja competitiva sea incomparable.

En el mientras tanto, el ministro de Economía, Martín Guzmán, avanza en un paper con el FMI. Hay una sola certeza. Una vez que el acuerdo esté firmado Argentina perderá su capacidad de emitir billetes. El ministro se encuentra enfrascado en idear los mecanismos de sostenimiento del déficit. Mas allá del número a negociar, el funcionario tiene a mano para evitar un ajuste brutal el mismo mecanismo que utilizó hasta ahora en sus presupuestos. Minimizar las expectativas de ingresos y de crecimiento. Si planificó crecer cinco y terminó creciendo nueve, hay cuatro puntos del PBI para usar a discreción y de libre disponibilidad.

De todas maneras si hay algo que hizo Guzmán en los últimos tiempos es aprender a caminar en el terreno político. Después de tragarse el sapo Basualdo (el subsecretario de Energía kirchnerista que quiso echar y no pudo) sabe que antes que a cualquier otro primero tiene que convencer a Cristina Kirchner.

Bonus Track 1

El equipo del ministerio de Economía tiene varios voceros ocurrentes y alejados del formalismo y cadencia monótona del propio Guzmán. Uno de ellos, indignado esta semana porque algunos economistas macristas insisten en que el gobierno de Alberto Fernández se endeudó mas que el de Macri porque igualan la emisión y el endeudamiento local con la plata pedida al FMI, estalló: “Ya que estos chicos del Pro y los economistas serios no consiguen distinguir endeudamiento en pesos o en dólares, por qué la próxima vez que fuguen capitales no fugan pesos? En esa no se confunden parece…”

Bonus Track 2

Más indignante que la imposibilidad de sacar pasajes al exterior en cuotas fue que esta semana la carne llegara a costar en las carnicerías 1000 pesos el kilo. Pero mientras Matías Kulfas, Roberto Felleti y Julián Domínguez discuten en público el largo de sus ideas para combatir el precio de la hacienda sin dar soluciones reales, el debate público lo ganó por lejos el tema del los pasajes.

De hecho en la explicación del porqué o hasta cuándo el Gobierno se metió en un berenjenal. Lo cierto es que nadie salió a explicar de manera sensata y clara cual es el problema actual de la Argentina con la escasez de dólares y la restricción externa. A esta altura quizás seria mejor explicarlo con la teoría de la casa grande pero con un solo baño. Argentina es una casa con 24, 500 o 45 millones de habitaciones pero que tiene un solo baño. Es decir los dólares para todos entran y salen por un solo lugar. Podemos dormir todos bien y convivir pero si vamos todos al mismo tiempo al baño se tapa.

 

Por Nancy Pazos

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