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La historia de la mujer que logró la primera condena a una partera por robo de bebés

Clara llevó a juicio a Nilda Civale de Álvarez. La mujer tenía 80 años en el momento de la sentencia que marcó un antecedente en el país y sigue con prisión domiciliaria.

Clara Lis tiene 43 años. A los 27 se enteró que no era hija de quien creía y a los 34 se enfrentó cara a cara con la partera que la vendió al nacerNilda Civale de Álvarez, de 80 años, fue condenada a 12 años de prisión al comprobarse durante el juicio oral que se apropió y vendió a tres bebés entre 1966 y 1978. Una de ellas era Clara. La causa penal que inició junto a otras dos víctimas en 2012, por la que fue condenada ese mismo año, fue el primer caso de una denuncia por supresión de identidad que tuvo sentencia en el país. El fallo marcó un antecedente histórico para las miles de personas que buscan su identidad de origen.

Clara Lis de bebé. Foto: Gentileza Clara Lis.
Clara Lis de bebé. Foto: Gentileza Clara Lis.

“Me acuerdo que yo le miraba las manos durante el juicio porque pensaba que esas manos habían cambiado definitivamente el rumbo de mi vida para siempre”, cuenta Clara Lis a TN.

Si bien fueron tres las mujeres que judicializaron sus casos, en el juicio oral fueron muchas personas las que se acercaron con una historia parecida: “Todos habíamos sido vendidos y teníamos el nombre de Nilda Civale Álvarez en su partida de nacimiento”.

Clara, la mujer que consiguió una condena histórica para la partera que la vendió

Clara nació el 2 de marzo de 1978, eso dice su partida de nacimiento: “Estoy casi segura de que nací en esa fecha, porque tengo familiares de crianza que me vieron el 4 de marzo y todavía tenía el cordón umbilical. Para quienes estamos en búsqueda de nuestra identidad, esa información es importante porque la fecha puede ser exacta en el día que fuimos inscriptos o en el caso de que alguien viera le cordón umbilical, nos da la certeza de que nacimos durante esa semana, no mucho más atrás”.

A los 27 años, por unos estudios que se estaba haciendo, los médicos le preguntaron sobre algunas cuestiones familiares de salud y ella empezó a sentir una incomodidad. Tiempo después, una charla con una tía de crianza que se llamaba Norma fue clave para que Clara comenzara a desandar la búsqueda de su verdad: “En una visita a su casa, se me despertó una pregunta que no me había surgido en toda mi vida, si ella alguna vez había visto a Lidia, mi supuesta madre con panza”.

Norma le trajo un álbum de fotos de Lidia. “Yo siempre había visto fotos de cuando estaba enferma ya que murió a los 36 años. Norma tenía una foto de ella sonriendo y no me pasó nada. Era como ojear una revista en un consultorio”, recuerda.

”Fue ese el momento en el que le pregunté si alguna vez la había visto con panza. Ella llorando me dijo que no y que había prometido que si alguna vez yo le hacía una pregunta sobre mi historia, no iba a mentirme”.

En esa charla, Norma le contó además que habían pagado por ella el valor de un auto cero kilómetro en 1978. “Sentados en una mesa estábamos Norma, el marido y Cristian, mi pareja desde hace 19 años. Lo primero que hice fue decirles que se quedaran tranquilos, que a mí me hacia bien saberlo. En ese momento no me animé a hablar con mi abuela de crianza. Mi decisión fue pedirle al hermano de la mujer que creía que era mi madre que me ayudara a contárselo para cuidarla”.

Clara, la abuela de crianza

A Clara la criaron sus abuelos de crianza: “Eran los padres de la mujer que me anotó como su hija. La historia que me habían contado era que era soltera y que yo había nacido producto de una relación con un hombre que no quería ser padre y que por eso ellos la habían acompañado”.

“En realidad, ella había estado casada de muy joven. Entendiendo algunas cuestiones que tienen que ver con lo jurídico, detecté el primer dato falso en mi partida de nacimiento: decía que ella era soltera y era incorrecto porque en esa época no existía el divorcio”.

Conocer la identidad de origen

Hablar con Héctor, el hermano de la mujer que la anotó como su hija fue un gran error. “Él tuvo una actitud muy mezquina conmigo. Una de las primeras cosas que me dijo fue que cuando yo llegué a la familia, sus hijos se habían quedado sin abuelos porque como la mujer que me anotó como su hija murió cuando yo tenía un año, a mí me criaron ellos”.

Clara le decía mamá a su abuela de crianza: “Gracias a ella y a los valores que me enseñó tuve una infancia muy feliz. Yo no quería que ella pensara que yo la iba a dejar de querer”.

Clara con sus abuelos de crianza Clara y Orestes. Foto: Gentileza Clara Lis.
Clara con sus abuelos de crianza Clara y Orestes. Foto: Gentileza Clara Lis.

“Mi abuela me abrazó, me dijo ‘para mí vos sos mi hija y yo soy tu mamá. Yo siempre quise que supieras la verdad. Siempre pensé que podía haber alguien que estuviera buscándote’”

Fue su abuelo de crianza el que convenció a su abuela para que no le contaran. “Le dijo ‘nunca le digamos la verdad para protegerla’. Era muy común traer un bebé a una casa, estaba muy naturalizado. En aquellos años se decía que no había que contar la verdad. Eso tiene que cambiar ahora porque estamos contando nuestras historias y estamos poniendo en palabras cómo nos sentimos esas personas”.

Cuidar a las familias de crianza

El miedo de generar algún tipo de problema de salud a los padres de crianza es un terror que acompaña a los buscadores. De hecho, muchos empiezan y se animan a buscar después del fallecimiento de esas personas.

Clara con su abuela del mismo nombre a quien cuidó hasta el último día de su vida. Foto: Gentileza Clara Lis.
Clara con su abuela del mismo nombre a quien cuidó hasta el último día de su vida. Foto: Gentileza Clara Lis.

Clara lo define como un acto de injusticia: “Esos adultos son los que les ocultaron a las víctimas la verdad. Nosotros en el amor que les tenemos, intentamos protegerlos aún cuando no hemos sido protegidos en el momento de nuestro nacimiento, o por lo menos, no hemos vivido bajo la verdad”.

En su caso, ella comprendió que nunca iba a dejar de querer a la mujer que la crió. De hecho, la cuidó hasta el último día: “También supe que mi identidad ya estaba construida, que lo que yo buscaba era la verdad, cuál era mi historia completa, qué sucedió desde el día en que nací hacia atrás.”.

El lugar donde nació

“Mi abuela de crianza fue quien me contó que me habían ido a buscar a un consultorio en la calle José María Moreno 371 en González Catán de la partera Nilda Civale de Álvarez, que era amiga de las primas hermanas de Lidia, la mujer que me anotó como hija. Se llamaban Norma y Nilda Pereyra y fueron llamadas como testigos durante el juicio”.

La búsqueda de la identidad biológica

En 2005, un spot de Abuelas de Plaza de Mayo que vio por televisión le dio el empujón que necesitaba para empezar su búsqueda. Había una pregunta muy puntual ´Tenés dudas sobre tu identidad, acercate a Abuelas”. “Hoy ese mensaje está incompleto porque muchos que se acercan pese a haber sido apropiados no pertenecen a ese grupo de búsqueda”.

Sobre este punto, Clara siente la necesidad de aclarar: “Somos miles de personas que fuimos apropiadas antes, durante y después de la dictadura, reclamamos el acompañamiento del Estado y no contamos con las herramientas que si están disponibles para los hijos e hijas de desaparecidos en el contexto del terrorismo de estado. Es una gran desigualdad para acceder al mismo derecho que fue vulnerado en diferentes circunstancias”.

Nilda Civale de Álvarez en el jucio. Foto: Archivo Télam.
Nilda Civale de Álvarez en el jucio. Foto: Archivo Télam.

A mediados de 2005 se hizo los análisis de sangre para saber si era hija de desaparecidos: “Me recibieron muy bien en la Comisión Nacional por el Derecho a la Identidad (CONADI), me dieron un turno de inmediato y fui a hacerme la extracción de sangre en el Hospital Durand”.

Para Clara fue como estar dentro de una película de ciencia ficción: “El sentimiento de estirar el brazo y que a uno le pongan una jeringa y y se llene de sangre que contiene tu ADN es muy fuerte”.

En febrero de 2006 recibió una llamada telefónica donde le informaron que el resultado había sido negativo: “Por supuesto todos esos meses los viví con muchísima incertidumbre y deseando que fuera positivo porque es me iba a dar una respuesta. Seguramente muy triste pero me iba a dar la respuesta de la verdad que era lo que yo buscaba”.

“Me dijeron que mi sangre quedaba dentro del Banco porque se podían ir incorporando otras familias de desaparecidos. Esto no me sucedió a mí sola, nos pasó a miles. Con los años fui descartando esa posibilidad”.

La causa penal que llevaron adelante las querellantes terminó con una condena para la partera.
La causa penal que llevaron adelante las querellantes terminó con una condena para la partera.

A partir de ahí, y cuando preguntó qué tenía que hacer y cómo podía seguir su búsqueda se encontró sola: “Me respondieron que al no pertenecer a este universo de personas que eran hijos de desaparecidos, no me acompañaban en mi búsqueda”.

Fue su psicóloga la que en una sesión la orientó. Le contó que ella conocía al director provincial del Registro de Personas Desaparecidas: “Me recomendó contactarme con Alejandro Incháurregui que estaba a cargo de esa oficina. Era el único lugar donde se recibían búsquedas como la mía desde hacía un tiempo”.

Había sido apropiada

Clara se contactó con él y una de las primeras veces que hablaron, Incháurregui le explicó que ella había sido apropiada: “Me dijo que esa palabra no correspondía solo a la dictadura, sino que tenía que ver con esto que me había pasado a mí: alguien me anotó como hija propia cuando no lo era”.

Desde esa oficina le ofrecieron comenzar un reclamo civil para que el Estado la acompañara en la búsqueda de su identidad. “Accedí yo y dos compañeras de búsquedas con las que nos habíamos conocido por internet, las tres vendidas por la misma partera”.

La causa civil no prosperó, fue archivada por falta de datos: “También porque no existe un protocolo dentro de la Justicia para acompañar búsquedas de identidad de personas que fuimos vendidas o que tenemos nuestra identidad sustituida”.

El reclamo civil redundó en una causa penal donde la partera fue imputada: “Nosotras no teníamos dinero para afrontar los gastos de un abogado y por eso nos acompañó un equipo de la Defensoría General de la Nación”.

Cuando finalmente llega la causa a un Juzgado Federal, Clara conoce a Néstor Barral que en ese momento estaba al frente de la Defensoría de Morón: “Nos explicó que para la biblioteca de la justicia nuestras causas estaban prescritas y no había antecedentes. Empezamos a trabajar en conjunto y encontró la forma de plantear que el ocultamiento de la indentidad permanecía en el tiempo. La causa empezó a prosperar”.

La primera vez que Clara vio cara a cara a la partera que la vendió

En el año 2012 la causa deriva en un juicio oral y público: “En ese momento, no sabíamos que estábamos generando un cambio. Hay un antes y un después en esta primera causa donde una partera que intervino en los delitos de sustracción de bebés de sus padres biológicos era condenada sin ser considerado el caso como uno de lesa humanidad los cuales no prescriben nunca”.

La condena a 12 años para Nilda Civale de Álvarez. Foto: gentileza Clara Lis.
La condena a 12 años para Nilda Civale de Álvarez. Foto: gentileza Clara Lis.

Fueron más de 22 horas de audiencias que comenzaron el 17 de noviembre de 2012: “Si bien éramos tres las querellantes, en el juicio nos encontramos muchos que habíamos sido vendidos por la misma partera, que teníamos a Nilda Civaldi de Álvarez en su partida de nacimiento”.

Clara recuerda que se la veía muy entera, con mucha frialdad. “Ella negó habernos vendidos y cuando tuvo la oportunidad de hablar dijo ‘yo no le quise hacer daño a nadie’”.

La partera fue condenada a 12 años de prisión domiciliaria por su edad. Fue encontrada culpable por el Tribunal Oral en lo Criminal Federal Nº2 de San Martín, integrado por Daniel Petrone, Daniel Cisneros y Héctor Sagreti por los delitos de “sustracción, retención y ocultamiento de un menor de 10 años, reiterado, en tres hechos y falsedad de documento público”.

“Después del juicio cambió de abogados que apelaron y se les dio a lugar con respecto al delito de falsificación de documentos públicos. Se generó una nueva audiencia en septiembre de 2015 y la cámara le redujo la condena a 7 años”.

Las querellantes podrían haber apelado e incluso ganado pero estaban muy cansadas y querían que se efectivizara el fallo: “Luego de esa reducción de condena, la causa pasó al Tribunal de Casación donde quedó firme. El abogado apeló y elevó un recurso de queja a la Cortes Suprema de justicia que dejó firme el fallo en febrero de 2018″.

“Todos queremos conocer la verdad y esta puede traer sorpresas y cuestiones que no nos gusten. Nada va a ser tan sanador como saber la verdad que merecemos para completar nuestra historia”.

Clara Lis sigue su lucha, sigue insistiendo por la cantidad de víctimas que hasta ahora no tienen respuesta ni acompañamiento del estado. “Con un grupo de abogados que me ayudaron desinteresadamente preparamos un escrito que refleja la problemática en la Argentina y estamos solicitando a la Comisión Interamericana de Derechos Humanso que nos reciba en una audiencia temática con el objetivo de poner en conocimiento a ese organismo para que este tema sea una política de estado en nuestro país”.

Antes de terminar la nota Clara cree necesario dejar un mensaje: “Nos debemos una reflexión como sociedad ya que la compra venta de bebés ha sido naturalizada a través de las décadas. Muchos sin darse cuenta han sido cómplices de ocultarle la información a quienes hoy son adultos, borrándoles deliberadamente sus historias y sus orígenes. Quienes tengan información o quienes busquen están a tiempo, en la oficina del Registro de Personas Desaparecidas que depende del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires pueden ayudarlos”.

Día del Derecho a la Identidad

Este viernes, se conmemoró el Día Nacional del Derecho a la Identidad. En ese marco, las miles de personas que todavía buscan conocer su identidad de origen difunden los contactos para cualquiera que pueda aporta datos o tenga dudas. Al número: 0800-333-5502 o al mail: busquedadeorigen@mseg.gba.gov.ar.

***

Esta nota forma parte de una serie de artículos en los que TN reveló la denuncia de al menos 140 personas sobre una Red de Parteras que vendieron bebés a lo largo de cinco décadas. Los denunciantes fueron comprados a precios de departamento o por un terreno.

Una de las parteras acusadas es Marta Rosignoli, que logró escapar en 1976 en medio de un allanamiento a la casa en donde se hacían los partos. Huyó de la policía con dos bebés bajo el brazo. María, en cuya partida de nacimiento figura el nombre de la partera, comienza a investigar y recibe una carta de Rosignoli en la que enumera a siete colegas que se dedicaban a lo mismo. Fue esta mujer quien logró el procesamiento de la obstetra que hoy tiene más de 80 años.

Otro de los denunciantes es Germán Caviglia, que nació el 17 de junio de 1973 y a los 11 años, se enteró de que sus padres biológicos lo entregaron a otra familia a cambio de dinero. En 2017, Germán denunció a la partera María Beatriz Rosignoli, que adulteró su partida de nacimiento, y a su madre de crianza Irene Cercos. La obstetra Rosignoli estaba a cargo del consultorio. Ambas fueron procesadas por la Justicia Federal hace tres semanas.

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